LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Mi nombre es Maite, casada hace más de 10 años, mi marido es un flamante empresario y nuestras vidas son normales, como yo no trabajo para no aburrirme empecé a hacer servicios en un comedor para indigentes emigrantes, yo siempre iba a hora de comer a servir las mesas pues mi marido no venía nunca a la hora de la comida pero esta semana mi compañera me había cambiado el turno.

Nada más llegar al comedor el cocinero me riñó pues llegaba justo a la hora de servir, me fui a cambiar y allí mientras me cambiaba pude ver a través de un ventanal que daba a las duchas un negro impresionante, alto y musculoso, pero lo que me dejó helada fue su pene, era lo más grande que había visto en mi vida, así flácido era mucho mayor que el de mi marido, me quedé fijo mirándole hasta que me di cuenta que él también me había visto.

Soy una mujer morena no muy alta pero con un buen culo y un par de tetas interesante, siempre voy muy bien vestida pero para ir al comedor siempre me pongo pantalones y un delantal, pero visto lo que había visto no me cambié, me puse el delantal y su correspondiente falda no muy larga pero con su buen corte lateral.

Solo había 9 personas para servir una mesa con 4 individuos indigentes bastante mayores y otra mesa con 5 negros, uno de ellos el que yo había visto en la ducha y 4 más, me llamaba la atención otro negro corpulento y también muy alto, parecía un armario, los serví pero yo notaba como me miraban, sobre todo la mesa de los negros.

No soy muy racista pero como mi marido siempre los llama así pues yo también, aunque ese día yo los miraba de diferente forma, pues en mi cabeza solo veía cinco pollas descomunales. Cuando terminaron de cenar y recogía los platos pude notar como uno de ellos me rozó descaradamente el culo pero yo no hice nada, en la siguiente ocasión volvieron a tocarme el culo pero esta vez dejó su mano hasta que me fui, al siguiente viaje vi que la mesa de los indigentes se había marchado.

Yo llevaba la bandeja con cafés y unas infusiones, es decir llevaba las dos manos ocupadas, esta vez metió su mano por debajo de mi falda y me sobó bien el culo pues llevaba un tanga, incluso me pellizcó las nalgas, esta vez si que intenté reaccionar pero el negrazo de la ducha me agarró y me dijo que me iban a pagar por mi trabajo con lo que yo quisiera, cuando miré hacia él tenía la polla fuera del pantalón con una buena erección, viendo aquello no supe ya que decir pero mis ojos me delataban pues no quitaba ojo de aquel aparato.

Dejé la bandeja y tomé aquello con las manos pues no me cabía con una, mientras el otro ya me había levantado mi falda y tocaba mis nalgas y mi tanga, por lo menos tenía tres manos en mis posaderas, para cuando el armario estaba a mi lado con la polla también fuera del pantalón, menuda polla tenía también.

Ya tenía una en cada mano cuando noté que me quitaban la braga y la falda y me metían un dedo en mi vagina, yo estaba fuera de mí pues yo nunca había hecho una cosa así, siempre había sido fiel a mi marido, me subieron a un lado de la mesa me abrieron de piernas y sin más uno me la metió, ¡menudo aparato!, todos gastaban pollas tamaño xL...

Yo estaba mojada y no le costó entrar, pero me notaba llena como nunca lo había notado, a las tres embestidas ya me había corrido por primera vez, dos de ellos se pusieron al lado encima de las banquetas, quedando sus pollas a la altura de mi cara y sin pensarlo mucho empecé a comérmelas, apenas entraban en mi boca, pero como el mete y saca era frenético yo chupaba como una loca, parecía una profesional pues yo solo había visto cosas así en películas porno pero esta vez la puta era yo.

Al rato ya me metía medias pollas en la boca hasta que uno me tomó de la cabeza y empujó la olla hacia dentro, creo que me la metió hasta los huevos pues me dio hasta arcadas, pero enseguida se corrió y noté su leche en la garganta, era la primera vez que me la tragaba pero es que el muy cabrón no me dejó sacar la polla de la boca hasta que no había terminado de limpiarle hasta la última gota.

Me cambiaron de postura, el armario se tumbó en la mesa y me hicieron sentarme sobre su polla de cara hacia él, mientras me la metía me besaba y me pellizcaba los pezones, otro se arrodilló a su lado y me daba su polla, yo se la chupaba cuando podía, pues igual tenía una polla en la boca que me morreaba con el otro mientras los otros me acariciaba y pellizcaban por todas partes, menos uno que empezó a chuparme por atrás, igual chupaba mi vagina que casi la polla del otro, pero enseguida se puso a chuparme el ojete.

Esto también lo había visto en alguna película pero nunca me imaginé que me pasara a mí, el tío era un maestro y al momento notaba su lengua entrando en mi culo, yo llevaba ya tres o cuatro orgasmos y la cosa nada más había empezado, yo seguía bombeando con el armario y con una polla en la boca cuando noté mi primer dedo en el culo, para en un momento notar dos o incluso tres, pero el colmo fue que empecé a notar que me estaban metiendo una polla y que esa polla era el de la ducha, el que tenía el aparato más grande de todos, ya estaba llena.

Notaba que me iban a partir en dos, el muy cabrón en un par de embestidas me la había metido toda, me la notaba en el estomago, tenía tres pollas metidas en mi cuerpo, ni la mejor de las putas tenía lo que yo tenía y dos más esperando donde metérmela, se corrieron los tres a la vez y me llenaron de leche, solo me quedé con un comentario que ellos dijeron, cristina tenía razón, esta también es una puta. Esta es mi historia...mi verdadero nombre es Micaela...