LOS RELATOS DE LOS VAGOS

La historia que os voy a relatar ocurrió hace un par de años durante unas mini vacaciones con mi marido en Lanzarote.

Estábamos hospedados en un hotel de lujo y habíamos alquilado un golf cabrío, la habitación tenía una terraza con vistas al mar y cada día desayunábamos desnudos en la terraza y después tomaba mi ración de leche de la polla de mi marido, o sea, follábamos en la terraza sin importarnos si nos veían desde la playa, pues el sol siempre me pone caliente.

Luego bajamos a la piscina o a la playa. Por las tardes con el coche recorríamos la isla y mientras mi marido conducía yo, siempre que podía, le chupaba la polla o lo pajeaba. Era realmente divertido y a mí me ponía cachonda pensar que podían vernos.

Una tarde que medio nos perdimos por una carretera mi marido paró el coche en un descampado pues ya estaba caliente del rato que lo estaba masturbando. Nos pusimos en el asiento de atrás, él me puso de pie agarrada a la barra anti-vuelco del coche y quitándome las bragas me metió su polla en el coño.

Que placer ser follada al sol y con el morbo de que podía pasar alguien, ambos nos corrimos y yo me agaché y con mi boca le limpié su polla.

Ya en el hotel, después de cenar, yo seguía caliente, me puse a chuparle otra vez la polla a mi esposo y cuando estuvo dura lo eché en la cama y yo me subí encima. Su verga se me clavaba hasta el fondo, comencé con un suave movimiento para ir incrementando con más rapidez a medida que me excitaba, al rato me corrí, mi marido saca su polla y me puso a cuatro patas penetrándome desde atrás, me dio varias embestidas, esto es, la sacaba y la metía de golpe, cosa que mi marido sabe que me excita sobremanera. Luego me cogió y poniéndome de rodillas me hizo que se la chupara hasta que se corrió en mi cara, después le limpié con mi lengua todo rastro de semen.

Una mañana que estaba sola en la piscina, pues mi marido se había ido de excursión, puesto que no le gusta tomar el sol, se me acerca un guapo chico, algo más joven que mi esposo, a pedirme fuego y con esa excusa comenzamos a charlar, al rato me dijo:

- ¿Quieres que te ponga bronceador? - Bueno - y le di el frasco.

Sus manos comenzaron a esparcir el aceite, primero por mi espalda, luego mis piernas, después mi entrepierna, al notar el roce de sus dedos cerca de mi clítoris un escalofrío recorrió mi cuerpo, y con el calor del sol mi coño se humedeció.

El chico debió notar que me excitaba pues sin ningún tipo de rubor su mano rozó mi coño, yo me di la vuelta y él continuó untándome, ahora primero las piernas, luego el vientre y el pecho y otra vez mi entrepierna, cuando terminó se recostó a mi lado mientras seguía acariciándome. Yo, entre el sol y sus caricias, estaba completamente caliente, notaba mi coño húmedo que hasta me daba corte ponerme de pie y que mis jugos vaginales resbalaran por la pierna.

Alargué, disimuladamente, mi mano hasta rozar su paquete, su polla estaba dura y yo necesitaba con urgencia notar una dentro de mí, él me besa y le correspondí, nuestras lenguas se entrelazaron, luego me susurró al oído:

- ¿Vamos a mi habitación? – Sí...

Ya en su habitación mientras nos besábamos nos quitamos la ropa, yo deseaba ver su vigoroso pene que iba a ser mío, de su bañador salió potente, duro, me agaché y comencé a mamársela suavemente mientras con la mano le acariciaba los huevos.

Le pasé la lengua por sus huevos, se los chupé, su polla parecía querer reventar. Me eché en la cama, él se agachó y me pasó la lengua por el coño, luego me besó al tiempo que metía su pene en mi vagina.

Me dio cuatro o cinco embestidas, entonces me cogió por la cintura y sin sacar su pene me levantó sentándose él en la cama y yo a caballo de su polla. Me corrí entre convulsiones de placer. En esa misma postura sacó su polla de mi coño para metérmela por el culo. No tardé en notar su potente chorro de semen descargar dentro de mi trasero.

Nos duchamos y volví a la piscina pues era casi hora de comer y mi marido estaría a punto de llegar como así fue.

No le dije nada pues no quería una pelea al final de las vacaciones y, además, no era la primera vez que le ponía cuernos y él no se enteraba, pero no puedo evitar ponerme caliente, muy caliente cuando tomo el sol y si encima alguien me acaricia y se insinúa es que no puedo controlarme.