LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Maruja era la conserje del instituto del barrio. Era una mujer de cerca de cuarenta años de edad. Con unos hijos adolescentes y con un marido aburrido. Con este panorama sin horizontes su vida era cada vez más amarga.

Su aspecto había dejado de preocuparla. No se cuidaba, actualmente debía pesar cerca de los ochenta kilos repartidos en 170 centímetros de altura. La parte de su anatomía que más llamaba la atención eran sus grandes tetas.

Pero hoy, miércoles, por la tarde los alumnos no venían al instituto y ella estaría tranquila a no ser por la brigada que vendría a limpiar los cristales de las ventanas como sucedía una vez cada trimestre.

Hace tres meses, la última vez que vino la brigada de limpieza el encargado la piropeó y a ella hacía siglos que no la piropeaba nadie. El recuerdo del piropo y el reencuentro con su autor la pusieron de buen humor.

A las tres, como esperaba, llegaron los seis miembros de la brigada. Ella solo tenía que abrirles la puerta. Como no era la primera vez que venían cada uno se fue a la zona que tenía asignada. Como no tenía nada mejor que hacer fue detrás del encargado, sin ninguna razón aparente, quizás en busca de un nuevo piropo, de algo bonito que ya ni su marido le decía. El encargado, que se llamaba Manolo, se dirigió al gimnasio que era la zona que tenía menos trabajo.

- Maruja, hoy pareces contenta, tu marido te echó un buen polvo ¿o qué?- le espetó Manolo de buenas a primeras una vez estaban solos dentro del gimnasio. -Qué cosas se te ocurren. Si yo te contara...-aquí cortó Maruja.

Hablar de sexo con un hombre y que no era su marido le daba corte. Su poca educación cristiano-católica en este caso funcionaba a la perfección.

-Pues cuéntame, guapa, que hoy tienes el bonito subido y si no me frenas aquí mismo te doy un achuchón- dijo Manolo.

Manolo era el típico encargado de una brigada de limpieza. Tenía cerca de cincuenta años, calvo, regordete y parecía siempre alegre y feliz.

- Mi marido lo único que hace en la cama es roncar. Con el nacimiento de los hijos demostró su hombría delante de la gente del barrio y el sexo dejó de interesarle, solo de vez en cuando y después de mucho insistir se acuerda de mi- se lamentó ella. - Es que hay hombres que no saben lo que tienen en casa- dijo él acercándose a Maruja con propósitos nada disimulados. -No se si debo. Mi Pepe se ha ido a unos recados y no se cuando volverá. -Pues no perdamos tiempo- dijo él tomando la iniciativa antes que ella cambiara de parecer y el bonito paisaje que se empezaba a vislumbrar desapareciera como por arte de magia.

Los fuertes brazos de un trabajador la rodearon y su boca se pegó a la de ella como una lapa. Su lengua le hizo un reconocimiento bucal exhaustivo. Ella al principio no se atrevía a participar pero pronto olvidó sus inhibiciones y se concentró en sus sensaciones.

-Que sofoco- dijo ella, separándose y tomando el aire que empezaba a faltarle. -Tranquila que solo acabamos de empezar- le contestó él.

A ella estas noticias le produjeron un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.

-Vamos a hacer bien las cosas- dijo Manolo organizando la situación.

Cogió varias colchonetas y las puso unas encima de las otras y en medio del gimnasio e invitó a Maruja a subirse a esta cama improvisada y no por ello menos confortable. La volvió a besar y sus manos ahora ya no solo estrechaban sino que recorrían todo el cuerpo que tenía echado a su lado.

- ¿Te has acostado alguna vez con algún otro hombre que no sea tu marido? - le preguntó él entre besuqueo y besuqueo. -No, ni se me había ocurrido. -Entonces si solo has conocido a un hombre el segundo que vas a conocer te ha de dejar un recuerdo imborrable y para esto estoy yo aquí- dijo Manolo

Ella no entendía nada pero le dejaba hablar sin decir nada.

-Levántate -dijo Manolo.

Y Maruja, como una autómata, se levantó.

El hombre empezó a desabrochar la bata de la mujer y ella quiso abrir la cremallera del mono del encargado pero él la cortó diciendo -tranquila, hay tiempo, primero empezaremos por ti y después ya me tocará a mi. Desabrochar la bata no fue una acción rápida ni inocente. Manolo fue desabrochando los botones lentamente y aprovechando su ubicación para descubrir y manosear los grandes pechos, el vientre o el coño. A Maruja estos toqueteos la estaban poniendo cachonda y le hicieron perder la noción del tiempo pues cuando reaccionó se encontró desnuda, echada encima de las colchonetas y a Manolo chupándole una teta y manoseando la otra.

Esta toma de conciencia duró un instante y se disipó rápidamente. Los toqueteos y lamidas, succiones, mordiscos y pellizcos que sufrían sus grandes pechos la habían puesto a punto para tener su primer orgasmo del día. Manolo estaba incansable. Sus manos y su boca no paraban iban de un pecho al otro sin descanso. Sus enormes tetas parece que habían conquistado a su hombre pues habían conseguido que se olvidara del resto de su cuerpo que también quería guerra y nadie le hacía caso.

El cuerpo de Maruja cada vez estaba más tenso. Sus piernas no paraban de dar patadas al aire y Manolo, acostado a su lado y dale que te pego a las enormes tetas. Cuando iba a protestar porque quería ser penetrada de una vez, un oportuno mordisco en el pezón derecho provocó el primer orgasmo. Su cuerpo de tensó y su boca lanzó un enorme suspiro.

Manolo al ver el resultado de su trabajo se paró y pareció recobrar la conciencia pues los pechos de Maruja le había absorto por completo. El hombre dejó que la mujer orgasmara en paz y cuando ella terminó él también estaba más tranquilo y seguro de si mismo.

Maruja acaba de tener un orgasmo como no había tenido en su vida y si lo había tenido hacía tantos siglos que había pasado que ya ni se acordaba. Estaba satisfecha y feliz. Acercó sus labios a los de Manolo y le dio un beso de agradecimiento y con ello quería dar por acabada la sesión de sexo.

El hombre que intuyó las intenciones de la mujer, le dijo:

- Tranquila que solo acabamos de empezar y fíjate si todavía voy vestido. Tú ya has tenido tu orgasmo pero yo no, o sea que no seas egoísta que yo también quiero mi orgasmo y tú vas a tener más.

Más de un orgasmo en un mismo día, eso si que era nuevo para ella y delante de este magnífico panorama ella se puso mentalmente a las órdenes del hombre que había despertado su sexo del letargo en el que se encontraba.

-Ahora tendrías que desvestirme como yo te he desvestido antes a ti- dijo Manolo.

No se hizo rogar. Le bajó la cremallera del mono de un golpe y le ayudó a sacarse las mangas y los pantalones. Sin el mono y con la camisa de franela a cuadros a Maruja su hombre le pareció más hombre. De pie delante de él le empezó a desabrochar los botones de la camisa y ante ella apareció un pecho lleno de espeso vello negro. No pudo terminar de desabrocharla. No pudo resistir la tentación de pasar sus manos por aquel torso peludo y jugar con aquellos pelos. Apenas pudo encontrar sus tetillas en aquel bosque capilar. Le gustó y continuó pasando las manos por aquel pecho varonil. Manolo la hizo reaccionar diciéndole:

- Continúa desabrochando que hay más cosas interesantes por descubrir.

Maruja terminó con la camisa y se la quitó. Sus dedos, esta vez, más temblorosos se dirigieron al cinturón del pantalón y lo desabrocharon y cada vez más nerviosa atacó los botones de la bragueta. Con el primer botón notó que detrás había algo grande que pronto sería suyo. No pudo resistir la tentación de dejar los botones y palpar con las dos manos los tesoros que encerraban aquellos pantalones. La tela parecía esconder algo vivo que se movió al ser despertado por unas manos cariñosas. Rápidamente volvió a los botones de la bragueta y en un momento liberó al objeto que la iba a hacer feliz como nunca lo había sido.

A sus ojos tenía una verga en un buen estado de erección pero que podía alcanzar cotas más altas. Los testículos que sostenían aquel instrumento de placer eran grandes y estaban tan duros como la columna que sostenían. Las manos de la mujer acariciaron aquellos órganos masculinos, que a ella le parecieron descomunales, comparados con los de su marido que eran los únicos que había visto en su vida. Pero lo que no sabía ella era que aquella visión era el principio de una serie que experiencias que ella no había soñado jamás. Los toqueteos de Maruja en la polla de Manolo lo estaban poniendo a cien y él no queria terminar tan pronto por lo que le dijo a ella:

-¿Que te parece si nos vamos a lavar un poco por eso de la higiene?.

Ella, sin rechistar, se dirigió al vestuario de las chicas y él al de los chicos. Cuando volvieron a encontrarse en medio del gimnasio él tenía la verga mirando al suelo y no al techo como estaba hacía un momento. El agua fría la había deshinchado.

-Échate en medio de las colchonetas -ordenó Manolo.

Maruja obedeció y observó intrigada cual iba a ser el próximo paso que daría su hombre. Manolo separó las piernas de la mujer y se echó entre ellas. La mujer se recostó totalmente, no quería ver solo sentir, gozar. Quería ser sorprendida. Había adivinado que se encontraba en manos de un experto y que este le enseñaría muchas cosas nuevas que ella no sabía ni que existieran. No tenía que temer nada, solo preocupase de sus orgasmos.

Pronto notó que unos dedos jugaban con sus labios vaginales, que recorrían todos sus pliegues. Cuando empezaba a asimilar estas caricias su clítoris fue atacado por una lengua juguetona que no paraba al mismo tiempo que un par de dedos entraban en vagina. Después de un estudio exhaustivo de su coño, Manolo le dijo:

-Vamos a cambiar de posición. Levántate, yo me voy a colocar debajo. Vamos a hacer un 69. - ¿Y que es esto? - ¿No le has chupado la polla a tu marido? - No nunca. Cuando follamos él me besa, me penetra y se corre al poco rato y ya está. Cinco minutos dura la función. - Lo nuestro va a durar más. Tú te colocas encima de mí pero al revés, con la cabeza entre mis piernas.

Manolo la ayudó a colocarse y volvió a su trabajo. Sus dedos recorrieron de nuevo su coño, pellizcaron su clítoris, penetraron en su coño y cuando estuvieron mojados del todo hicieron una aproximación a su ano.

Mientras tanto ella tenía ante si a una verga no tan orgullosa como la primera vez que la había visto pero iba en camino de recuperarse pronto. Como él había hablado de chupar pollas y ella era obediente se colocó la polla en su boca, no sin tener un cierto asco y la lamió como si lamiera un helado. Sus manos empezaron a jugar con lo rizos de sus testículos y a comprobar el grosor de un pene cada vez más grande y que cada vez cabía menos dentro de su boca.

-Te equivocas de agujero- dijo ella sacándose rápidamente la polla de su boca al notar que unos dedos intrépidos querían entrar en un lugar virgen de sexo para ella. - No mujer. Tu culo es precioso y te va dar muchos orgasmos. Es un lugar de goce solo para iniciados y sibaritas del sexo. Tú tranquila.

Estuvo tranquila cuando él retiró los dedos de su culo pero no antes. Con el ataque a su retaguardia ella se había sentido incómoda pero la verdad. La polla de Manolo estaba en pleno esplendor. Miraba al techo y estaba desafiante. Había llegado la hora de darle marcha.

- ¿Quieres que te penetre? - Si, por favor. Lo necesito. - Pues tu misma. Yo no me muevo. Encóñate tu sola.

Maruja se dio media vuelta en un santiamén, se arrodilló encima de Manolo. Se apoyó con una mano en el pecho peludo de Manolo y con la otra cogió su polla en pleno estado de gracia y se la colocó en su puerta del placer y despacio pero ansiosamente fue bajando encima de ella. Manolo estaba quieto no quería romper aquel momento tan delicado para ella como el que una hombre que no era su marido la encoñara por primera vez.

La polla de Manolo lubrificada por la saliva de ella entró suavemente en su interior y cuando estuvo toda dentro se paró. Ella quería absorber todas las sensaciones que le llegaban de su entrepierna. Cuando estos empezaban a desaparecer inició el movimiento de mete saca, primero lentamente y luego cada vez a mayor velocidad pues se acercaba un orgasmos y no quería perdérselo. Con la llegada del orgasmo ella se desplomó sobre el cuerpo de Manolo y sin sacar la verga de su cobijo se apretujó contra él como si fuera su tabla de salvación en medio de un naufragio.

Cuando terminaron las olas de placer y la respiración de ella volvió a la normalidad, Manolo sin perder la compostura le sugirió cambiar de posición.

- ¿Todavía más? -dijo ella sorprendida. - Tú ya llevas dos orgasmos y yo ninguno. No me vas a dejar así verdad -dijo él con una voz recriminadora. - Perdona, solo me preocupaba por mí. Pero es que esto no me había sucedido nunca y empiezo a estar derrotada.- Bien, colócate a cuatro patas, ordenó él.

Se sacó la polla, que no había perdido un ápice de su tamaño y se puso como él quería. Manolo se puso detrás y la penetró. Ahora era él el que dominaba la situación, el que imponía el ritmo. Ahora era él el que mandaba. Después de unas cuantas penetraciones y cuando ella se empezaba a acostumbrar a esta nueva posición notó que un dedo penetraba en su culo.

- Me haces daño. No puedo resistir tu inmensa polla en mi coño y tu dedo en mi culo - protestó ella.

Manolo estaba juguetón. Quitó los dedos del culo y el pene del coño y a continuación penetró con el pulgar en el culo. Maruja volvió a protestar,

-Saca la polla de mi culo me haces daño.

Mientras protestaba la volvió a encoñar. La mujer se dio cuenta que estaba jugando con ella. Mientras tenía la inmensa verga de Manolo en su coño, un dedo entraba y salía de su culo y para complicar más las cosas otros dedos empezaron a jugar con su clítoris. Aquello era demasiado. Su cuerpo empezó a coger una calentura que nunca antes había alcanzado. Su cuerpo ser preparaba para otro orgasmo. Pero de pronto todo se paró. Todos los instrumentos de tortura y de placer desaparecieron de su cuerpo. Estaba abandonada a punto de conseguir un orgasmo descomunal.

-¿Pero que haces? -volvió a protestar. -Tranquila. Coge aire que volvemos-le recomendó.

Notó que algo duro llamaba a la puerta de su ano. Este de cerró instintivamente.

- Tranquila, relájate y no te dolerá-dijo él.

Se resignó a ser enculada e intentó relajarse como le aconsejaban. Mientras la polla de Manolo se abría paso por un camino virgen, los dedos volvieron a atacar el clítoris. El gusto que sentía en un lugar hacía desaparecer el dolor que sentía en otro.

Sin darse cuenta pronto tuvo toda la verga en el interior del culo. Había entrado suave porque estaba lubrificada con los dedos de Manolo. El ritmo de Manolo muy lento en un principio, fue adquiriendo velocidad a medida que se acercaba su corrida.

La apoteosis fue brutal. El tercer orgasmo de Maruja coincidió con la corrida de Manolo y los resoplidos de ambos de fundieron y terminaron derrumbados uno encima de otro. Pasaron unos minutos antes de volver a tener una respiración regular. Maruja se volvió hacia Manolo y le agradeció todo el placer que acababa de recibir.

- ¿Así que te ha gustado?- dijo él con aire burlón. El trimestre que viene cuando vuelva podemos tener otra sesión. -O sí que me gustaría- dijo ella. -Se hace tarde y tengo que ir a controlar el trabajo de los chicos.

Manolo se levantó, se lavó, se vistió despacio mientras ella tumbada en medio del gimnasio y sobre las colchonetas contemplaba todo su deambular sin pizca de vergüenza y desnuda como estaba. Los dos se contemplaban sin decir una sola palabra.