LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Hola a todos me llamo Ana y tengo 45 años, vivo en Madrid en mi hijo Carlos desde hace ya más de treinta años. Soy separada desde que tenía 32 y lo cierto es que no me ha ido nada mal. No echo en falta a mi antiguo marido pues quizás la relación no tenía futuro alguno. He encontrado en Carlos todo lo que he necesitado, tiene 18 años, es un chico ejemplar, muy tímido y me ayuda en todo lo que necesito, es decir que no necesito nadie más.

Sin embargo hay algo que me ha dado vueltas a lo largo de mucho tiempo y no sabia como solucionarlo, y que al fin hice y ahora deseo compartir con vosotros.

Desde hace mucho tiempo no tengo ningún amante, con lo que he sentido la necesidad de masturbarme en más de una ocasión, imaginando que algún hombre jovencito me hacía sentir una mujer. Imaginaba situaciones morbosas con universitarios follándome y haciéndome disfrutar del sexo como una mujer se merece. Esas masturbaciones me complacían de lo lindo, pero sentía la necesidad de vivirla en verdad, sentir todo el vigor de un joven llenándome de ríos de semen, al mismo tiempo que le descubría mis ansias por ser follada.

A pesar de mis 45 años, soy delgada y de mediana estatura con el pelo largo y moreno, y tengo que reconocer que tengo unas grandes tetas, 120 algo caídas, pero deseadas por muchos jovencitos que al cruzarse conmigo no pueden evitar mirarlas con ojos de lujuria.

Bien, el caso es que tanto deseo tenía de vivirlo, que comenzó a pasar por mi mente el provocar a mi propio hijo para que fuese él quien me follase. Sabía que sería la primera vez que Carlos estaría con una mujer y eso me excitaba, ser yo quien sintiese por primera vez su polla adentrándose en el coño de una mujer. Me excitaba la idea de ofrecer mis tetas a sus labios inocentes para que lamiese él mis pezones necesitados de muerdos y pellizcos. Sin entrar en que hacía tiempo que una polla no me penetraba por ningún lugar.

La cuestión era encontrar la mejor situación para excitarle y que desease follarme de forma natural sin ser yo quien le forzase a hacerlo, quería que me buscase con el único deseo de penetrarme aunque fuese su madre.

Tras unos días dándole vueltas a la cabeza de me ocurrió una idea. Normalmente cuando llega el fin de semana solemos encerrarnos en casa y disfrutar de la tele, o jugar a juegos que se nos ocurran en ese momento. Y un juego creo que era lo más adecuado, algo que viese que no desentona con nuestra tónica. Estaba ansiosa por que llegase el sábado y por fin llego.

-Carlos cielo, ya llevamos mucho tiempo viendo la tele, ¿no te parece? -Tienes razón mamá, ¿quieres que la apaguemos un rato? -Si cariño, me apetece que juguemos a algo. -Genial, a que jugamos hoy. -Hoy vamos a jugar a algo nuevo, así cambiamos y puede que sea muy divertido, ¿quieres? -Si mamá, lo que quieras. -Muy bien cielito, siempre he querido jugar a los médicos, y nunca he podido, quieres ser tu mi medico hoy. -Vale mamá, ¿pero como podré curarte las heridas si no tengo nada?.

-Pues me tendrás que curar con masajes, como hacen los verdaderos médicos. -Está bien. -Pues entonces, vamos a mi habitación, esa será la habitación del hospital.

Carlos estaba tan absorto en el papel de médico que apenas podía imaginarse lo que estaba tramando. Nos dirigimos a la habitación y me dispuse a tentarlo lo máximo posible.

-Muy bien doctor, si le parece me tumbo en la cama y así podrá observarme mucho mejor. -Si por favor, túmbese para ver que la duele. -Si doctor lo que usted mande. Me duele por la tripita y no si que puede ser. -No se preocupe, con unos masajes se le pasara. Lo ve. -Si, doctor, lo hace muy bien, ya empiezo a notar alivio, no pare por favor.

-Dentro de unos minutos se encontrara como nueva. -Lo cierto es que me encuentro mucho mejor, pero aun falta algunas zonas que las siento algo doloridas. Quizás será mejor que me quite algo de ropa para que pueda darme los masajes más cómodamente. -Como usted prefiera.

Sin dudarlo un instante, me incorporé y rápidamente me desabroché la camisa para quitármela ante su atónita mirada. Dejé al descubierto mi sujetador negro de encaje mientras sus ojos se clavaron en mis tetas como una lanza.

Apenas gesticulaba, seguramente era la primera vez que estaba frente a unas tetas tan grandes. Sin detenerme me bajé la falda después, quedándome con unas bragas negras cubriendo mi coño. Pude observar en ese momento como su pantaloncito corto mostraba la grandeza de su polla, estaba excitadísimo, nunca me había fijado tanto como en ese momento. Y continué.

-Mejor así doctor, que opina. -Pues, Ahhh, si, creo que mejor, así podré abarcar más. -Lo se doctor, por favor no se detenga, necesito esos masajes aquí, en el pecho. -Eh, ah, está bien ya voy.

En ese momento pude sentir sus manos en la parte inferior de mis tetas acariciándome suavemente tras el sujetador, le veía al principio muy cortado, pero no cesaba de mirarlas mientras un poco de su lengua sobresalía de sus labios en señal de placer. Fue perdiendo la timidez poco a poco, y tras unos minutos agarró por completo la copa de mi sujetador apretando con ansia mientras las miraba mordisqueándose el labio. Creo que fue perdiéndose totalmente, pues llegó a sentarse en el borde de la cama sin saber que hacer.

Ya era todo mío, lo único que tenía que hacer es guiarle hasta donde yo quería. Sabía que no aguantaría mucho esa excitación y desde luego me excitaba la idea de tener ese primer chorro de semen dentro de mi coño, quería darle cobijo y me apuré para no estropearlo.

Me bajé las bragas rápidamente y me abrí lo más que pude, él me miraba sin saber que hacer. Le dije que se pusiera encima de mí sin miedo. Le bajé el pantalón sin acariciarle, y saqué su polla fuera, sabía que si le tocaba un poquito se correría y prefería que fuesen mis labios vaginales quienes hicieran el trabajo.

Le tumbé levemente sobre mí, y con mi mano suavemente la dirigí a la entrada de mi coño totalmente humedecido. Comenzó a gemir rápidamente y más cuando saqué mis tetazas fuera del sujetador para que las chupase un poco. En ese momento empujé su culo contra mí y sentí por primera vez como su polla comenzaba a abrirse camino por mi coño. Comenzó entonces a morderme los pezones como un loco, sobándome sin parar, al mismo tiempo que empujaba su polla más y más. Fue la mejor sensación que jamás había tenido, su polla durísima me estaba dejando atontada mientras me mordía una y otra vez.

Y tras unos segundos de cabalgar sobre mi, soltó sus chorros de semen inundándome todo el coño. Sentía como ardía el río llegando hasta el fondo, mientras nos cruzamos entre gritos y arañazos de placer.

Quien iba a decir que ese sería el principio de mi relación de amante con mi hijo, llegando a tener una vida sexual completa, enseñándole como follarme de mil maneras y descubriendo nuestros cuerpos de forma natural.

UN RELATO DE REGALO