Toda la historia que cuento a continuación es totalmente real, como veréis no se dan nombres ni localidades.
La casa que había alquilado mi hermana y su marido estaba situada en un pueblo de la costa mediterránea. Era una casa antigua de tres plantas. De la última planta salía una escalera que subía a una terraza cuya mitad estaba cubierta, donde había un lavadero que hacía muchos años no se usaba.
Al estar la casa en lo alto del pueblo desde la azotea las vistas eran espectaculares sobre la costa. Una barandilla de ladrillo asomaba a una estrecha callejuela. Habíamos prohibido subir a los niños a la terraza ya que las condiciones en que se encontraba, tanto la terraza como la escalera, no eran muy seguras dada la antigüedad del edificio.
Tengo 38 años, mido
El primer chico que me atrajo, y mucho, fue precisamente mi cuñado, nunca pasó nada entre nosotros. Al final acabó casándose con mi hermana. Pasados unos años también me casé y fui feliz hasta que ese desgraciado accidente hizo que mi vida cambiara radicalmente.
Mi matrimonio fue dichoso, pero en mis fantasías siempre aparecía mi cuñado. La confianza en él ha sido siempre máxima y desde que me quedé viuda tanto él como mi hermana han estado pendientes de mi y mis hijos.
En estos seis años he tenido alguna relación que por diversos motivos no ha llegado a fructificar. En las temporadas que paso con ellos nunca me he recatado en mostrar mis encantos sin ningún rubor intentando que mi cuñado se fije en mí y haga alguna locura. Hasta la fecha no lo había conseguido, a pesar de hacerme la encontradiza al moverme por la casa en tanguita, lucir mis pechos en la piscina, dejar entreabierta la puerta del baño mientras me ducho. Lo único que conseguía es que dijera lo bien que me conservaba, que necesitaba un novio que me diera “gustito”, y cosas más o menos picantes, pero sin llegar a mas.
El pasar temporadas con ellos hace que haya días que me ponga a cien, mi hermana no se corta un pelo al demostrar su placer en la cama, sus gemidos y gritos es el pan nuestro de cada día. Desde mi habitación les oigo muchas noches gozar de unos polvos que yo hace años no disfruto, eso lleva a que mi vagina se humedezca y acabe masturbándome. Hay noches que hasta cinco y seis veces debo de meter mis dedos para calmar el fuego que me sale de la entrepierna.
Hace un par de años sucedió algo que creo provocó la catarata de acontecimientos que sucedieron a partir de entonces.
Habían venido a la casa unos íntimos amigos a pasar unos días. Nos juntamos entre adultos y niños, once personas. Por cuestiones logísticas mi hermana y mi cuñado durmieron durante esa semana en mi habitación. Una de esas noches mi cuñado se fue a la cama temprano ya que estaba cansado. Pasadas un par de horas mi hermana y yo nos disponíamos a acostar a nuestros hijos, cuando recordé que no había cogido ropa de mi habitación para el día siguiente. Mi hermana me dijo que fuera a por ella que se encargaba ella de poner los pijamas y orden con nuestras cuatro fieras.
Subí a mi habitación donde estaba acostado mi cuñado, encendí la luz del pasillo para no molestar. Mi cuñado dormía profundamente, un trozo de sábana le tapaba dejando al aire sus piernas y el torso. Me dirigí al cajón de la cómoda para coger lo que necesitaba, de reojo miraba el cuerpo de mi cuñado tumbado. No se como me encontré levantando suavemente la sábana. Estaba desnudo, entonces entendí el por que mi hermana gemía y gritaba cuando hacia el amor con su marido. Una polla flácida descomunal descansaba sobre uno de sus muslos. Aparté la sábana del todo, me arrodillé junto a la cama y la acaricié…
La cogí con mi mano, apenas podía abarcarla toda, empecé a moverla suavemente y de repente cobró vida propia. Comenzó a ponerse dura, acerqué mi boca y pasé suavemente mi legua por el glande, mi mano ya no abarcaba ese monstruoso pene. Nunca había visto nada igual, debería medir unos
En toda esta operación no pasaron más de cinco minutos, me metí en el baño, mis jugos salían de mi coño bajándome por los muslos. Me masturbé y luego me asee, volviendo con mi hermana y los invitados. Puse una excusa y me fui a dormir, dejando a mi hermana y los invitados en el salón charlando. Como es normal no podía dormir pensando en la verga de mi cuñado, mi coño estaba muy mojado. Esa noche batí mi record de masturbaciones. Cuando conseguí dormirme, me despertaron los jadeos de mi hermana disfrutando de esa polla que hacía poco había tenido dentro de mi boca. Eso hizo que de nuevo me masturbara varias veces más.
A la mañana siguiente no me aguantaba de pie, así que puse una excusa para no ir a la playa diciendo que me quedaría en casa para lavar la ropa y preparar la comida. El resto de la tropa hizo los preparativos para partir a una jornada de baño.
Cuando todos se fueron me duché y como no tenía intención de salir me puse un pareo nada más. Preparé una ensalada para los pollos asados que iban a traer tras la jornada de playa. A media mañana me subí a la terraza con la ropa sucia. Debajo del tejadillo había una lavadora. Como hacía un día estupendo decidí quedarme allí arriba. Esperaría a que terminara la lavadora tumbada en una hamaca al sol descansando, mejor eso que aguantar al enjambre de niños en la playa. Creo que me quedé dormida, me despertó la voz de alguien que llamaba a la puerta. Me asomé por la barandilla, tres pisos más abajo, en la callejuela, estaba una vecina bastante pesada.
Me dispuse a aguantar su cháchara, apoyé mi cuerpo contra la barandilla y abrí las piernas para estar más cómoda. Así estaba charlando, cuando noté que mi pareo se movía. Dos brazos se aferraron a mis muslos y sus manos se posaron sobre mi culo, unos dedos abrieron mi chocho y una lengua empezó a lamerlo de arriba abajo. Alguien se había metido bajo mi pareo y me estaba comiendo el coño. Todo esto pasó en décimas de segundo, pensé en gritar pero era tanto el placer que me abandonó a el. La vecina seguía contando sus historias, apenas entendía lo que decía. Alguien estaba haciendo una magnifica labor hay abajo.
La lengua subía y bajaba mientras los dedos abrían más y más mi dilatado coño. El clítoris fue el siguiente paso de esa lengua experta, primero lo acarició con la punta de la lengua, poco a poco, lentamente. Luego los labios los succionaban mientras la lengua se posaba sobre el. Ahora despacio, ahora más rápido. De nuevo lametones de arriba abajo, de nuevo el clítoris. Mis jugos salían hacia la boca del que estuviera allí abajo. La vecina seguía con sus historias, a mi me flaqueaban las fuerzas, una de sus manos acariciaba mi culo. Ahora la otra mano bajó hasta el coño y mientras la boca jugaba con mi clítoris, un dedo entró dentro, primero poco luego más, luego otro dedo.
Yo me derretía y los ojos se me ponían en blanco. Nunca había sentido tanto placer, uno de los dedos salió de mi coño y se introdujo en el culo. Nunca me habían follado por ahí. Entró sin dificultad dado lo mojado que estaba. Alguien me estaba metiendo un dedo por el culo, otro por el coño, mientras una lengua se comía mi chocho. Mis caderas se movían de un lado a otro. Por fin la vecina me dijo que tenía prisa y se iba, no sin asegurar antes que tenía mala cara.
No respondí, me aparté de la barandilla y por fin pude ver quien era el que me estaba haciendo ese placentero trabajo. Era mi cuñado. Su polla estaba por fuera del bañador, me tomó en volandas, me sentó en la lavadora y me ensartó toda la polla hasta que sus huevos tocaron mi culo. El grito de dolor debió oírse a muchos kilómetros, la notaba en lo más profundo de mi ser. Tras el dolor llegó un placer inexplicable, la polla entraba y salía tocando todas las paredes mi coño. Me corrí dos o tres veces. Sacó la polla, me tumbó sobre la lavadora, metió dos dedos en mi húmedo chocho y luego en el culo, repitió la operación cuatro o cinco veces.
Al final ensartó de nuevo su polla esta vez en mi culo, muy lentamente, me tuvo que tapar la boca para que mis gritos no alertaran al vecindario, por fin entró toda, mientras con una mano masajeaba mi clítoris y con la otra moldeaba mis tetas y pellizcaba los pezones duros como el pedernal. De nuevo el dolor dio paso al placer, entraba y salía a un ritmo que parecía estudiado. En ese momento la lavadora se puso a centrifugar.
Nunca he sentido un placer como ese, una polla entrando y saliendo de mi culo mientras todo el cuerpo vibra al ritmo de una máquina. Me corrí un par de veces más. Sacó su inmensa verga y se corrió en mis tetas mientras mi ritmo respiratorio, que era el como el del corredor de una maratón, iba recuperando su estado natural.
Mi cuñado se había adelantado al resto de la familia para comprar los pollos, había entrado en la casa por el garaje que estaba en la parte de atrás, como no me encontraba se imaginó que estaba en la azotea, cuando me vio en esa postura no pudo resistirse. Por cierto, me dijo, anoche me comiste muy bien la polla, tendrás que repetirlo.
Desde ese día de hace dos años hemos follado como morbosos posesos en los lugares más inverosímiles. Yo he recuperado el tiempo perdido y hecho realidad mis fantasías, pero esto será para contarlo otro día.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados