LOS RELATOS DE LOS VAGOS

Hace poco llegó mi cuñado Alberto de México donde se encontraba en un viaje de negocios. Lo supe a través de mi hermana que me hizo una llamada para hacerle una cita con la dentista con la que trabajo para una limpieza. Le saqué la cita para lo más cercano posible ya que estaba loca por verlo. Tengo una amistad bien grande con la doctora con la cual trabajo.

Tanta es la amistad, que nos contamos cosas intimas de ambas y nos reímos de las tonterías de cada una. Le mencioné a la doctora que iba a conocer a mi cuñado el próximo viernes por que le había sacado una cita con ella. Le dije que él estaba buenísimo y que estaba seguro que le llamaría la atención por que él es el tipo de hombre que a ella le gusta.

La muy putona lo que me contestó fue… que si le gustaba mi cuñado, se lo tiraba en el mismo consultorio. Le dije… si tú supieras, en ocasiones he espiado a mi cuñado y lo he visto en diferentes situaciones donde se le nota que tiene una pinga descomunal. A pesar de nuestra confianza, nunca le dije que había tenido relaciones con mi cuñado. Le decía que lo había visto cuando él llegaba en lycra de correr mountain bike o en ocasiones donde yo estaba en la casa de mi hermana y le veía salir del baño y a través de la toalla podía apreciar lo grande que lo tenía.

La bellaca de mi jefa es divorciada y tiene aproximadamente 45 años, pero se conserva como una nena. Es una trigueña alta, pelo corto, tiene buen cuerpo y es bonita. Yo conozco los gustos de mi cuñado y esta, no son los del, aunque ella tiene buenas nalgas y eso a él le encanta, no le gustan las mujeres trigueñas. Llegó el día de la cita y esta bellaca estaba hecha una incordia, ya hasta me molestaba lo tanto que le gustaría conocer a mi cuñado. Cuando él llega… llena los documentos del plan médico e inmediatamente lo paso al cuarto de examinar los pacientes. Voy, le indico a la doctora que ya Alberto se encontraba en el cuarto y que podía ir a examinarlo para la limpieza dental.

Yo entré con ella y me di cuenta como la puta colocaba a mi cuñado de una posición tal que ella se lo podía ligar todito. Había inclinado la silla a lo máximo y a él le quedaba la parte de la cabeza como a 24 pulgadas del suelo y la parte de sus caderas y su buen pronunciado pene, mucho más alto. Ella salió del cuarto y aproveché la ocasión para decirle a mi querido cuñado que se veía riquísimo y que tuviera cuidado con la gafa esa que quería tirárselo. Este me tiró una sonrisa coqueta y me dijo, Tranquila. La doctora me llama y cuando salgo me dice… ¡Este hombre esta buenísimo!, que clase de macho, y viste el montón que se le nota, debe tener un bicho inmenso, me decía la golfa.

Me sentí bien mal cuando mi jefa me dijo, Mira chica a este tipo yo le haré la limpieza, dile a la técnica que se puede ir temprano y si tú te quieres quedar, puedes hacerlo contestando las llamadas. Digo a pesar de todo, ella tenía que tener un poco de respeto por el ser mí cuñado…

Después que ella se fue a realizarle la limpieza y yo estar aproximadamente 25 minutos en el front desk, me dio curiosidad y al acercarme a la puerta me percato de los quejidos de mi jefa. No me atrevía a abrir la puerta y estaba loca pensando como podía ligarlos. Me recordé que las paredes entre los cuartos de examen no llegan hasta el techo y que tal vez podía mirar por el otro cuarto. Efectivamente, lo único que hice fue treparme en una mesa y podía ver todo lo que estaba pasando. Sentí la cara caliente y un fuerte temblor entre mis piernas cuando vi ese acto de sexo. Veo a mi jefa con las piernas abiertas, con Alberto acostado en la silla, metido entre sus piernas y a ella casi sentada en la cara de mi cuñado.

Esta le culeaba y le pasaba la vagina por toda la cara a mi cuñado. Esta le frotaba el pantalón a Alberto y comenzaba a bajarle el zipper del pantalón cuando él le dice que todavía no. Ella se vuelve como loca y empieza a moverse más rápido y a quejarse más fuerte y cuando ella ya casi gritaba diciéndole que se corría, este le retiró la cara de entre sus piernas y le dijo que se acostara ella en la silla.

Yo estaba súper caliente y había comenzado a masturbarme mirando las bellaquerías de mi jefa. Cuando mi jefa se acuesta en la silla de los pacientes, veo como mi cuñado Alberto, la termina de desvestir, la acomoda como se encontraba él a penas hacia un minuto atrás, y en esa silla inclinada, con la cabeza casi en el suelo, le abre las piernas y le pega casi las rodillas a los senos. Se veía descomunal, una chocha hinchada, labios grandes, brillosos y bien afeitadita, por otro lado, tenia el ano cerradito que apenas podía verle por lo grandes de sus nalgas. Alberto comienza a lamerle el ano y la chocha.

Este le lamía la chocha y con un dedo frotaba el ano de mi trigueña jefa que se veía espectacular para sus 45 años. Escucho que mi jefa comienza a decir que se corría y al mismo tiempo veo a mi cuñado que comienza a meterle un dedo por el culo con una de sus manos y con la otra mano le mete un dedo por la vagina. Esta cabrona tenía un dedo en el culo, uno en la chocha y la lengua de Alberto lamiéndole todo el clítoris. Esta se retorció y gritaba de gusto… Aaayyy, siiiii paapiii, mamame la concha, aaayyyy, paaapiii siiii…

De momento esta se mete una toalla en la boca, que mordió con fuerza y comenzó a temblar de una forma increíble. Tomaba la cabeza de mi cuñado y la apretaba con fuerza hacia su panocha hasta que tira la toalla y dijo entrecortado "papi me estoy viniendo, ay papi me estoy viniendo, Aaaaaaaayyy… Retiró la cabeza de mi cuñado y le dijo que se detuviera que estaba muy sensitiva. Ella se quedó de la manera que se encontraba con las rodillas en las tetas y miraba a Alberto con cara de bellaca mientras este comenzaba a bajarse los pantalones… ella le dijo que se acercara que ella le haría lo mismo. Cuando este se baja los calzoncillos y saca el inmenso miembro casi erecto por completo ella abrió los ojos de asombro y le comenta que es el bicho más grande que había visto. Que lo tenía grandísimo y bien gordo.

El pene de mi cuñado lo conozco como la palma de mi mano. Lo he medido con una cinta métrica, de largo y de diámetro. De largo mide 13 pulgadas y media, y de diámetro 8 pulgadas. Sabía que lo que decía era cierto porque es lo más grande que yo he visto también. Ella comenzó a tratar de mamárselo, solo metiendo lo único que era posible, la cabeza. Se lo apretaba y manoseaba, se lo pasaba por la cara y lo tomaba por la base y se daba con el bicho en la cara y labios.

Alberto la tomó de la mano y le dijo que se acostara boca abajo en la silla. Se le notaban unas nalgas trigueñas grandísimas, redondas y bien paradas por la forma que había quedado en la silla. Mi cuñado sacó un profiláctico y se lo colocó quedándose casi la mitad de este al descubierto y luego comenzó a colocarle la cabeza del pene entre los labios de la vagina y comenzó a meter el inmenso y gordo aparato. Ella se retorcía y le decía que le encantaba como le abría su chocha, que nunca antes había sentido su concha tan abierta.

Él comenzó a bombearla más rápido hasta que ella respingo con un grito de dolor, Ahhhhhyyyyyy, me llegó hasta ahí, no trates de meterlo más que me duele. Ella le dijo, Dame un momento que le voy a decir algo a Maritza. Él se incorporó, ella se levantó y caminó hacia el teléfono intercom, yo casi me tiré de la mesa en la que me encontraba para llegar a tiempo al intercom del cuarto, cuando ella me llama a través del teléfono, Maritza, yo le respondo; dígame doctora, Te puedes ir que yo termino con tu cuñado.

Para no crear dudas, inmediatamente le digo; muy bien, hasta mañana. Pero no me podía ir sin ver por terminado ese acto. Me subo nuevamente en la mesa y veo como ella se acomoda en la misma posición lo único que esta vez mi cuñado le abre bien las nalgas y comienza a meterle uno y luego dos dedos por el ano. Ella le dice, ¿No pensaras metérmelo por el culo verdad? y él le contesta, Relájate y trata de buscarle el gusto, lo voy hacer bien suavecito. Tan pronto le pone la cabeza en el culo y se inclina hacia delante, ella brincó de dolor y le dijo que había sido penetrada antes pero jamás con uno de ese tamaño. Que la perdonara, pero que no podía pasarlo. Él le dijo que le permitiera intentarlo de nuevo y otro grito salió de mi jefa.

Yo estaba temblando de la corrida que me había dado, viendo a Alberto tratando de meterle el gordo pollón a mi jefa por el culo. Yo pensaba en las veces que esta me había presionado en el trabajo y hasta me había hecho llorar por cosas de ellas…y estaba loca por verla llorar de dolor. Estaba loca por ver cuando mi cuñado le rompiera su prieto ano y que la bombeara como me lo había hecho a mí, como un salvaje. Mi jefa se levantó un poco y le dijo que le buscara su cartera que se encontraba en su escritorio. Mientras él sale del cuarto, ella se levanta y de uno de los gabinetes, saca un pote pequeño y una jeringuilla. Cuando él entra, ella le dice que le colocara un poco de ese medicamento en el ano para no sentir tanto dolor.

Ella insertó la aguja en el pote y casi llenó la jeringuilla. Luego, le sacó la aguja y le dijo a Alberto que le metiera ese líquido por el ano. Alberto se quedaba sorprendido, pero este seguía el juego. Mí cuñado cuidadosamente le abrió las nalgas e introdujo parte de la jeringa en el ano a mi jefa y metió todo el líquido. Según mi experiencia eso fue como casi 3cc de anestesia que se utiliza para adormecer un área local.

Alberto le abrió las nalgas nuevamente y ella le pidió que todavía no le diera por el ano, que le diera por chocha que la tenía a fuego. Alberto le dio con mucha fuerza y ella se quejaba de gusto y de dolor. Las nalgas le brincaban según chocaban con la pelvis de mi cuñado. Después de tres o cuatro minutos él sacó su inmenso pene y ella le dijo que le alcanzara su cartera y de esta sacó una crema de mano. Le dijo que se lo pasara a lo largo de su pene antes de metérselo por su anito. Mientras, la muy puta se colocaba con sus nalgas bien abiertas, pegando sus tetas al sillón y parando bien su inmenso trasero para recibir el tremendo vergazo que le iban a dar.

Alberto se coloca detrás de ella y comienza a meterle su gordo y largo pene. Este le mete como tres o cuatro pulgadas y ella ni las siente. Cuando él nota que ella no siente dolor, de un solo golpe le mete todo el bicho hasta que chocó su pelvis con las nalgas de mi jefa. Ella gritó de dolor y un chorro de orín bajó por el sillón, mientras que Alberto sacaba y metía por completo el gran sable por el ano mi jefa. A la muy puta le gustaba y aparentemente no le dolía tanto.

Yo veía como de su trigueño culo brotaba la sangre y ella solo se retorcía un poco, pidiéndole a mi cuñado que le diera más fuerte. Yo podía ver desde arriba como él le sacaba el bicho por completo del culo y luego le decía a ella que pujara. Podía ver como se le salía parte de los intestinos hacia fuera del ano y como él se lo empujaba con la inmensa y gorda maceta.

Nunca había visto algo así, tan salvaje y tan increíble. Había mucha sangre en el sillón y ella seguía pidiéndole que le diera más duro. Él le daba sin compasión, lo sacaba y miraba el roto ensangrentado y se lo introducía con una fuerza salvaje. Él comenzó a respira fuerte y entrecortado… se estaba acercando por que lo conozco. Ella por otro lado le decía que se detuviera porque estaba notando mucha sangre y tal vez la había lastimado y no se daba cuenta por la anestesia.

Este siguió y de repente saca su inmenso órgano, le saca el profiláctico, se le acerca a la cara de ella y le tira como cuatro chorros de leche en la cara. Alberto se quejaba como nunca y se notaba bien cansado. Estuvo dándole maceta a esa zorra como una hora.

Inmediatamente que vi que él se corrió, me bajé de la mesa y corrí hacia fuera de la oficina, me dirigí a mi carro, lo prendí y esperé a que Alberto saliera….quería mirarlo y hablarle. Al cabo de quince minutos salió Alberto, se montó en su SUV y arrancó. Me le fui detrás y le toqué la bocina, se detuvo y me le monté y le dije que sabía que había estado con mi jefa. Él se quedó callado y mirando hacia el lado opuesto de donde me encontraba. Como yo estaba tan caliente, le dije que lo único que quería era que me cogiera en ese instante. Yo se que estás cansado, pero me lo dejas todo a mi. Se lo saqué, estaba flácido, comencé a mamárselo y se puso medio erecto pero no se paraba por completo.

Me quité los pantalones y las panties y allí mismo me senté encima insertando ese bicho semi-erecto en mi concha húmeda. Me gustaba. Me meneaba rápido y veía como él se retorcía y se quejaba, aparentemente le dolía su pingo, pero tenía que aguantarme. Cuando noté que le endureció un poco me incorporé y me metí ese bicho medio blando por el culo de una sentada el cual me hizo venirme casi de inmediato. Tan pronto me corrí, me paré y le dije que teníamos que hablar de lo que había pasado en la oficina.

Al otro día la puta de mi jefa me llama a la oficina y me dice que le cancele todas las citas del día por que no podrá ir a trabajar, se encontraba indispuesta. La muy bellaca me dice que se encontraba que no se podía ni sentar, por que la noche anterior había estado con un hombre que le había dado tanto por detrás que tenía eso ahí destrozado.

Bueno que le pase, el dolor que no sintió cuando la estaban clavando lo está sintiendo ahora, y mucho más… Que siga utilizando anestesia… Lo que nunca olvidaré yo será, el cuadro de mi cuñado haciéndole el culo sangre a mi jefa.

RELATO DE REGALO