Hola, somos una pareja y queremos contar lo que nos pasó hace unos meses. Nos llamamos Fermín y Nuria, estamos casados y tenemos 31 y 30 años respectivamente. Yo Fermín, soy un tipo normal, alto y según dicen algo atractivo, pero Nuria es una ricura, pues además de ser guapa, tiene un cuerpo de modelo y muy bien conservado, siendo muy admirada por nuestro círculo de amigos masculinos.
Desde hacía mucho tiempo, en la cama mientras follamos yo le decía a Nuria lo bien que lo pasaría con dos pollas dedicadas a ella por entero y yo notaba como a ella le gustaba pues aceleraba su orgasmo. Así fueron pasando los días hasta que una noche mientras la follaba le dije que me gustaría verla cómo le metían mano y ella se retorcía de gusto, cómo le comían los pezones mientras le hacían una paja y cómo al final la follaban hasta que ella se corría de gusto. Cuando terminamos de follar, ella me preguntó si lo que había dicho antes lo decía en serio, y yo le respondí que por supuesto, que me gustaría verla, y que si quería lo llevaríamos a la práctica.
Después de mucho hablar y convencerla, ella aceptó poniendo condiciones. La primera era que sería alguien no conocido y que la primera o primeras veces no llegaría hasta el final, que sería ella quien decidiera. A mi me pareció normal y acepté encantado.
Al siguiente viernes, me preguntó si seguía con las mismas ganas, y al yo responderle que sí, me dijo que me preparara, pues debía de llevarla a cenar a un restaurante previamente elegido por ella, y luego iríamos de copas. Pero la condición era que si bien yo cenaría con ella, luego iría ella delante en el coche y yo detrás en la moto, y no podría dar señales de conocerla ni hablar con ella, y mucho menos tocarla. Yo acepté, me vestí y me fui para el restaurante donde habíamos quedado.
Era un restaurante muy íntimo, situado en un pueblo nada cerca de nuestra casa y a donde no íbamos casi nunca. Al llegar le dije al camarero que tenía una mesa reservada para dos y él me llevó a un rincón muy acogedor, iluminado por las velas. Me senté a esperar a Nuria, y cuando la vi entrar me quedé de piedra. Llevaba su pelo largo recogido en un moño, muy bien maquillada y vestía una minifalda azul como yo nunca la había visto de corta, con una camisa celeste totalmente transparente de seda y una torera abierta que lo único que tapaba mientras ella no se moviera bruscamente era sus tetas que por supuesto llevaba libres y sin sujetador.
Al acercarse me dio dos besos en las mejillas y se sentó en frente mía. Pedimos al camarero y cuando al rato éste nos sirvió, ella le dijo que no nos molestase, que ella le llamaría si necesitábamos algo. Al momento ella se quitó la torera y pude admirar como sus tetas erguidas coronadas por sus pezones oscuros desafiaban la tela de la camisa, y cómo se podían ver perfectamente sin necesidad de esfuerzo alguno. Empecé a desearlos como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Como si fuera la primera vez que se los veía. Entonces ella me preguntó:
- Es tu última oportunidad de echarte atrás. ¿Quieres seguir? - Sí -, es lo único que atiné a contestar.
Nuria se puso en pie y se encaminó a los servicios, moviendo el culo de una forma totalmente provocativa. Pude ver como los demás comensales masculinos miraban y la seguían con la mirada, algunos de forma disimulada pero otros, sobre todo una mesa compuesta por cuatro hombres la miraban con gran descaro. Cuando regresaba de los lavabos, llevaba en la mano un cigarrillo sin encender y se paró en la mesa de los cuatro hombres.
- ¿Me podéis dar... fuego? - Fuego y lo que quieras preciosa.
Al momento cuatro mecheros iluminaban su cara, ella muy simpática y muy sexy les dio las gracias y siguió caminando hasta nuestra mesa. Al sentarse me dijo:
- ¿Qué te ha parecido? - Estás buenísima, y sería capaz de follarte aquí mismo. - Te toca esperar y procura no perder detalle.
En este momento llamó al camarero.
- Por favor, puede traerme un trapo y agua para quitarme una mancha. - Le dijo al camarero.
Mancha que por supuesto no existía; el camarero le trajo una jarrita con agua y un trapo y Nuria girándose hacia él frotó ligeramente la camisa y le devolvió los utensilios. Yo desde luego no perdí detalle de como el camarero la devoraba con los ojos, y como ella tenía los pezones erizados y muy excitados.
Ya en los postres, metió la mano en el bolso y me dio algo, diciéndome que se lo guardara. Al mirar vi que era un minúsculo tanga que supuse se lo quitó en los lavabos. Me dijo - vámonos -, cruzó el restaurante sin ponerse la torera, por lo que todas las personas a su paso pudieron ver las tetas erguidas y coronadas por pezones erectos que se balanceaban al andar; y, como su cortísima falda la llevaba un poco más arriba del límite permitido, por lo que se le adivinaban perfectamente el empezar de su prieto culo. Ya en la calle cuando se montó en el coche me dijo:
- Te espero en tal dirección, pero a partir de este instante, tú ya no me conoces. Debes de estar allí dentro de media hora.
El lugar en cuestión era una pequeña discoteca, más parecido a un disco pub mediano. Me senté en un rincón de la sala desde donde veía perfectamente la entrada y al cabo de unos cuarenta minutos vi que entraba Nuria, pero parecía otra mujer diferente a la del restaurante. Llevaba el pelo suelto, muy rizado como en ella es habitual y vestía con una minifalda también muy corta pero amplia y de color rojo y en la parte superior llevaba una camisa anudada a modo de top que dejaba su liso vientre al descubierto. Buscó con la mirada donde estaba yo, y cuando me vio se fue a la pista de baile por la zona donde yo pudiera verla.
Bailaba de forma provocativa y sensual, se le acercaban los hombres a cada paso de baile y ella con mucha picardía les sonreía pero no les hacía caso. En la misma mesa en que yo me encontraba se sentaron dos jóvenes, que no solo no le quitaban ojo de encima, sino que además comentaban lo buena que estaba esa tía. En uno de los bailes Nuria se fijó en los dos chicos que estaban en la misma mesa que yo y sin dejar de bailar se acercó hasta la mesa y dijo que si se podía sentar, a lo que los chicos se apartaron y le dejaron un sitio. En ese momento empezó un intento por ligarla colmándola de atenciones. Ellos se presentaron al igual que ella, que dijo que estaba soltera y sin compromiso. En la disco empezaron a poner música salsa y merengue, por lo que uno de ellos la invitó a bailar.
En la pista se pegaban como lapas y el chico recorría con las manos toda la espalda de Nuria hasta llegar al culo que masajeaba a placer, en otras ocasiones la cogía por el culo levantándola y ella con las piernas lo abrazaba cogiéndolo por la cintura, llegando a pegar sus tetas justo en la boca del chico; cuando se daba ella la vuelta pegaba el culo a la entrepierna de él y éste la cogía sin disimulo por las tetas, estrujándoselas en un morreo descarado. De repente el otro chico se levantó y se fue hacia la pista, y el que hasta ese momento había estado bailando con ella se vino a la mesa.
Intentando dar conversación le dije:
- Vaya ligue que te has echado - Sí vamos a ver si esta tía traga, porque tiene unas tetas de campeonato y además se deja meter mano muy fácilmente. Me ha puesto la polla como la de un burro.
Mientras hablábamos miré a la pista y la vi enganchada al otro chico mientras bailaban. En ese momento pusieron música lenta y bajaron la intensidad de la luz. Nuria y el chico se abrazaron aún más y veía por estar bastante cerca como éste deslizaba la mano por debajo de la minifalda y le acariciaba el culo con ella mientras la otra la pasaba por debajo del nudo de la camisa y le cogía una teta entreteniéndose en los pezones duros a punto de reventar por la excitación.
- Se te está adelantando tu compañero, le dije al de la mesa. - Ya veo, pero espero que luego quiera ir al coche y allí le echaremos un polvo.
Mientras seguían bailando, el chico le acariciaba el culo sin disimulo alguno y debido a lo corta de la falda, había veces que se le podía ver perfectamente toda la parte baja del culo, incluso como el chico metía la mano entre los dos cachetes y bajaba hasta tocarle el coño. Cuando terminaron las lentas se vinieron ambos muy agarrados a la mesa, sentándose ella en medio de los dos. Uno le dijo de ir al coche a seguir y ella acariciándole el pecho y poniéndose muy mimosa y sexy mientras cruzaba las piernas para que se le vieran bien, le respondió:
- Primero quiero bailar un rato más, y además no habéis parado de meterme mano aquí, ¿qué más queréis?.
Por respuesta el que primero bailó con ella le metió mano directamente en el coño y dijo:
- Tía si ni siquiera llevas bragas. - Son sólo una molestia, respondió ella mientras me miraba de reojo a mí.
Se abrió de piernas para que pudiera meterle mano mejor y el otro le desabrochó el nudo de la camisa, le cogió las dos tetas y bajando la cabeza chupaba alternando de una teta a la otra. Ella al que le pillaba mejor le bajó la cremallera y le sacó la polla que empezó a masturbarla. Pero el otro dijo de parar pues estaban en un sitio público y que se podía liar, así que los tres se recompusieron y quedaron para irse a un lugar más tranquilo. Uno de ellos fue al parking a sacar el coche mientras el otro iba al servicio. Cuando nos quedamos solos en la mesa, me dio una dirección y me dijo:
- Espérame allí, tardaré media hora.
Se levantó y se fue, cuando llegó el chico que había ido al servicio me preguntó:
- Oye, ¿has visto a la tía que estaba con nosotros? - Sí, creo que ha ido al baño.
Fue a buscarla y como allí no estaba salimos juntos a la calle. Yo cogía la moto mientras veía a los dos chicos como se echaban el uno la culpa al otro por haber dejado que se fuera la tía.
Con la dirección en la mano, busqué el lugar en cuestión, y al llegar vi que era un hotel, entré y fui al bar, pues supuse que sería en este lugar donde me había citado. Puntual, llegó, pero de nuevo se había cambiado de ropa. Esta vez vestía un vestido largo que dejaba su espalda al aire y por delante bajaban dos tiras de tela que se le amoldaban a las tetas dejando por escote un triángulo que le llegaba hasta el ombligo, la falda larga tenía una raja a cada lado del vestido hasta la cintura. Llegó hasta mí, que estaba en la barra y se sentó en un taburete al lado del mío, dejando al cruzar las piernas todo sus muslos a la vista de quien quisiera verla.
- ¿Qué te parece la noche? - Me preguntó. - Va muy bien, pero pareces un camaleón. - Te tengo reservada una sorpresa. Por lo pronto aquí tienes la llave de tu habitación.
En ese momento me dio una llave que marcaba un número de habitación. Una chica rubia de pelo corto nos interrumpió.
- Hola Nuria. - Hola Susana, este es el hombre que quiere vernos en acción.
Yo estaba atónito, pero me dijeron que las siguiera hasta su habitación, y allí pude ver sentado en un sillón, como se cogían y empezaban a desnudarse mientras se recorrían el cuerpo acariciándose con las manos. Susana liberó las tetas de mi mujer y le cogió con los labios los salidos pezones de ella, tirándole suavemente y estrujándole una teta y con la otra mano le acariciaba el coño. Mientras, Nuria le cogía el culo y le bajaba el vestido dejándola totalmente desnuda.
La tía estaba buenísima y debido al espectáculo de ver a dos mujeres en vivo cómo se recorrían los cuerpos con las manos y las lenguas, cómo una de ellas estaba abierta de piernas y la otra le comía el coño, dándole con la punta de la lengua en el clítoris, me estaban poniendo súper caliente, así que sacándome la polla empecé a hacerme una paja, pero Nuria al verme, me dijo:
- De eso nada, tu puedes vernos, pero me tienes que prometer que ni ahora ni cuando estés solo te harás una paja ni te correrás de ninguna manera. Seré yo quien saque la leche.
Me volví a guardar la polla y me dediqué a observar cómo ambas hacían un 69 y sus gemidos inundaban la habitación. Cuando acabaron, dijo Susana:
- Necesito una polla en el coño. - Pues lo siento por Fermín, pues él está a dieta hoy. - Dijo Nuria. - Vale pues tú, Fermín, métete en el armario, dijo Susana.
Acto seguido cogió el teléfono y llamó al servicio de habitaciones solicitando algo de fruta. A los pocos minutos tocaron a la puerta y Nuria abrió la puerta. Desde la posición que yo tenía podía ver todo sin ser visto, así que pude ver la expresión del botones, cuando al entrar vio a dos bombones totalmente desnudas. Susana se abalanzó hacia él y desabrochándole el pantalón le sacó la polla aun flácida y mientras se la metía en la boca, Nuria le fue desnudando. El botones al reaccionar, empezó con las tetas de Nuria y cuando vio que si seguía así acabaría corriéndose se separó de Susana y cogiendo a Nuria la tendió boca arriba y empezó a comerle el coño mientras Susana le comía las tetas. Acabó corriéndose con grandes gemidos y el botones fue a meterle la polla, pero Nuria le dijo:
- No, sigue con esta tía que va más caliente que yo.
Así que Susana poniéndose a cuatro patas, se abrió el coño y el botones se la metió de un solo golpe. Durante el mete y saca Nuria se tendió debajo y se alternaba comiendo el coño y chupando los huevos y el trozo de polla que salía al follar. Susana debido a la posición comenzó a comerle el coño de nuevo a Nuria. Ambas se corrieron en el mismo momento que el botones se corría, llenando de leche el coño de Susana y la cara de Nuria que se encontraba debajo. Acto seguido dijo que debía marcharse pues estaba de servicio y le estarían buscando, pero que sólo tenían que llamarle para que volviera. Se vistió y se fue. A mí me sacaron del armario y me mandaron a mi habitación, citándome a una hora determinada en la piscina del hotel a la mañana siguiente.
A la mañana siguiente me desperté con una erección de campeonato, me dolían los huevos y sentía que los tenía al borde de su capacidad. Creía que con sólo pensar en el espectáculo de la noche anterior, acabaría corriéndome, así que me di una ducha, me vestí y me fui a la piscina. Me senté debajo de una sombrilla en el bar de la piscina mientras desayunaba. En la piscina había poca gente, tan sólo un grupo de cinco chicos jóvenes y un par de personas más. Al poco rato llegó Nuria, venía con un pareo transparente y debajo un tanga que solo cubría su monte de Venus. Se sentó en una mesa cercana a mí y pidió el desayuno.
El camarero como es lógico no la perdía de vista, pues como ya he dicho dejaba ver perfectamente sus hermosas tetas. Cuando acabó de desayunar se levantó, se quitó el pareo y se fue andando hasta el borde de la piscina.
Al pasar por mi lado dejó caer en mi mesa un papel con mis próximas instrucciones. Mientras se dirigía a la piscina, pude ver como absolutamente todos los que estaban en el recinto se fijaban en su hermoso cuerpo de curvas perfectas y en esas tetas levantadas y con pezones erectos que tiene debido a su constante excitación, su culo prieto y nada caído seguido de hermosas y largas piernas que se movía al andar. Al llegar al borde de la piscina se lanzó al agua y mientras nadaba un rato, leí las instrucciones.
Primero debería de pagar la cuenta de las habitaciones, después me debía dirigir a una playa que me indicaba mediante un pequeño plano y me dejaba bien claro que debía seguir sin conocerla. Vi como salía de la piscina, se dirigía de nuevo a la mesa y se iba tan desnuda como había entrado al agua, y tan sólo cuando entraba al hall del hotel se empezó a poner por encima el pareo, por lo que dos hombres que salían en ese momento se quedaron mirándola muy descaradamente diciéndole piropos algo subidos de tono, pues la situación lo requería.
Recordé la noche anterior y pensé en cómo habría acabado con Susana, pero pagué y me dirigí hacia la playa que me había indicado, no sin antes parar y comprarme un bañador y una toalla. Me fue algo difícil de encontrar, pues era una cala de difícil acceso y al llegar tan sólo había una pareja y creo se sintieron algo incómodos por ver a un tío solo, pues mientras bajaba a la playa los vi bastante juntos como se metían mano el uno al otro. Al rato grande llegó Nuria se situó entre la pareja y yo. Y justo un poco más tarde llegaron dos hombres que por su pinta podrían tener unos 25 años. Estos se sentaron a su vez entre Nuria y la pareja, pero más cerca de Nuria.
La pareja no tardó ni diez minutos en levantarse e irse. Nuria se encontraba sólo con el tanga que yo había visto en la piscina. No pasó mucho tiempo cuando los chicos estos se encontraban uno a cada lado de Nuria con una cara de satisfacción por poder ligar con una tía tan buena y provocativa. La playa era tan pequeña que de verdad no hubieran entrado más gente y las risas de los tres se escuchaban en toda la playa. Se fueron al agua y entre juegos vi como se restregaban con ella y le metían mano como si fuera sin querer. Al salir del agua ella fue a ponerse crema protectora y uno de ellos le dijo:
- Mira tenemos que irnos, pues entramos a trabajar dentro de una hora, pero déjame que te la ponga yo, quiero irme con un buen recuerdo.
Ella tan sólo se tendió boca abajo, quedando tan sólo con una pequeña tira que se le metía por el culo, por lo que parecía que estaba sin nada puesto y él empezó a untarle la crema por toda la espalda llegando al culo y masajeándolo a conciencia. Cuando acabó ella se giró y le dijo:
- Sigue, venga.
Él le extendió por las piernas, subió por el vientre y llegó a las tetas que acarició a placer, llegando incluso a entretenerse en los pezones y pude ver incluso como se los cogía y le tiraba de ellos levantándoselos, pero dándole un beso en la boca le dijo:
- Lo siento, no puedo seguir. Ya me gustaría poder faltar hoy al trabajo pero es imposible.- Y diciendo esto se puso de rodillas para levantarse, y en este momento Nuria metiéndole la mano por el bañador le sacó la polla, que la tenía muy grande, y le dijo mientras le movía arriba y abajo la polla:
- ¿Puedes perder cinco minutos? - Y comenzó a darle con la lengua en el capullo y con la otra mano le cogía los huevos. Pasaba de darle con la lengua a ponerse la polla entre las tetas. Y éste le dijo:
- Oye, ¿no te importa que ese tío de al lado nos vea? - Que disfrute si quiere viendo - Y se metió toda la polla en la boca.
Mientras el otro le sacó el tanga y comenzó a comerle el coño, el cual pude ver como se lo había afeitado dejando un pequeño mechón de pelo en la parte superior. Después de un rato en esta posición, el que la tenía en la boca, empezó a correrse, cayendo toda la corrida en las tetas de Nuria. Ella me miraba de reojo y debido a la comida de coño que el otro le estaba practicando, gemía como una loca.
Cuando el primero acabó de correrse, el segundo ocupó su lugar y Nuria le chupaba la polla como si estuviera comiéndose un polo. No tardó nada en correrse y vi como Nuria se restregaba por las tetas y el vientre toda la corrida. Yo estaba que no podía más y ellos se levantaron y se refrescaron en el agua, pero al llegar a las toallas, el que se había corrido en la boca dijo:
- Yo te quiero follar.
Y como estaba boca arriba con la polla tiesa como un mástil, Nuria se sentó encima y sin meterse la polla empezó a restregársela por el coño, mientras se agarraba las tetas y subía los brazos para que pudieran admirarla bien. Veía como ella disfrutaba con gran placer. Ella dijo:
- No quiero follar, pero os haré otra paja si es lo que queréis.
Esta vez ella se corrió con el frotamiento de polla en su coño y luego se corrió el primero, en cuanto al segundo, le hizo una paja con las tetas y se derramó en ellas. Al acabar, ellos se vistieron y ella se puso el tanga. Se despidieron y se fueron. Yo la miré, pero ella seguía con el papel de no conocerme. La había visto darse el lote con otro, o mejor con otros, pues no hubiera imaginado que lo hubiera hecho la primera vez con dos a la vez, pero su cara demostraba que le había gustado. Después de una media hora se levantó y dirigiéndose hacia mí, me preguntó:
- ¿Te ha gustado? - Sí, espero que a ti también. - Ha sido maravilloso y muy gratificante, espero que me dejes repetirlo, pero ahora debemos de terminar. Espérame dentro de dos horas en esta dirección. Yo voy a casa de Susana a ducharme y vestirme.
Me fui para el lugar de la nueva cita y me dispuse a esperarla. Puntual llegó y volví a pensar en que era una mujer camaleónica, pues llevaba un peinado diferente y un vestido muy ligero y cortito que se abrochaba por delante, pero que había echo uso de muy pocos botones, pues por arriba dejaba sin abrochar varios botones y le hacía un escote muy sugerente, llegando a enseñar más de media teta y por debajo los dejaba abierto hasta casi las bragas, suponiendo que las llevara. Estaba sentado yo en la terraza de un bar y acercándose a mí me dio un sonoro beso en la boca y mostrándose muy excitada de verme se sentó a mi lado y me dijo:
- Venga, ahora soy tu mujer que no ves desde hace un par de meses. - No lo hace pero me lo parece, le dije.
Y empecé a besarla y meterle mano primero por encima del vestido, pero gracias a ese escote, metí la mano dentro y le cogía los pezones moviéndoselos. Una pareja de una mesa cercana no quitaba los ojos de nosotros, sobre todo él, pues al quitar la mano yo de la teta y bajársela al coño, se le había quedado fuera. Ella me sobaba mi cipote por encima del vaquero, pero le dije que me iba a estallar, ella se levantó y ya de pie se metió la teta dentro del vestido, y de verdad que la gente que estaba de frente a ella habían cambiado la cara. Me cogió de la mano y me llevó a un pequeño parque que había detrás del bar.
Justo entre unos setos había un banco, me sentó, me sacó la polla y arrodillándose se la metió en la boca haciéndome una mamada como nunca me la había hecho; cuando ya no pude más se lo dije y ella levantándose, se sacó las tetas, se levantó el vestido y se sentó encima mía metiéndose la polla en el coño y una teta en la boca, sólo al sentir mi polla dentro del coño empecé a soltar leche y me corrí abundantemente a la vez que ella decía lo bueno que era tener una polla dentro y se corría a la vez que yo, pues en todo el tiempo no se había metido ninguna. Entre la calentura que llevaba encima y el morbo de que alguien me viera follando fue la chispa que hizo que me corriera tan rápido, aunque seguía con la polla tiesa. Ella se salió, se recompuso un poco y me dijo de ir a comer.
Durante la comida estuvimos comentando todo lo que había pasado y esto hizo que volvieran a dolerme los huevos, así se lo dije a ella y como estábamos sentados uno al lado del otro, ella me sacó la polla y fue masturbándome, cuando estaba a punto de correrme cogí una servilleta, pero ella quitándomela se metió bajo la mesa y en el momento de correrme cogía la polla con los labios y chupó de tal manera que parecía una aspiradora. Menos mal que el lugar estaba prácticamente vacío y no había nadie que nos pudiera ver. Al salir de debajo me dio un beso en la boca y pude saborear mi propia leche, pero ella me dijo:
- Ahora no me he corrido yo. Pero sígueme.
Se levantó y la seguí. Ella iba en el coche y yo en la moto. Cuando me paraba en un semáforo al lado de ella, se abría el vestido y se sacaba las tetas, e incluso una vez vi que se había abierto totalmente el vestido en el coche, vamos que se puede decir que iba desnuda conduciendo. El lugar era una urbanización sin apenas tráfico, pero cualquiera podía verla y eso nos excitaba a ambos. Paró el coche delante de un chalet y me dijo que aparcara la moto. Nos dirigimos a esta casa y ella sacando una llave abrió para que entráramos.
Ya dentro me llevó al jardín de atrás y me dijo de bañarnos en la piscina y cuando fui a sacar el bañador de la bolsa, ella se quedó en pelotas y se lanzó al agua, así que la imité. En el agua estuvimos morreándonos a gusto y cuando al salir la tendí en el césped y fui a meterle la polla apareció Susana en pelotas que se acercaba a nosotros diciéndome que siguiera, y eso hice, le metí la polla de un golpe y Nuria empezó a correrse, pero Susana por detrás me cogió los huevos y me acariciaba la espalda. Cuando Nuria acabó me dijo que me tendiera boca arriba y mientras ella me ponía el coño en la boca, Susana se tragaba mi polla, pues esa era mi recompensa.
Puedo decirte que me corrí tantas veces ese día como ningún otro día. Me chupaban la polla de una en una e incluso las dos a la vez, para luego follarme a Nuria de todas las posturas. Cuando yo no podía más se liaban entre ellas dos. Pasamos la noche en casa de Susana que resultó ser una compañera de trabajo de Nuria y le había ayudado a preparar el plan de ataque a cambio de poder liarse ellas dos según me dijeron después. Al día siguiente, domingo, nos fuimos para casa, pero después de haberme dejado los huevos completamente vacíos. Y durante el camino acordamos volver a pasar algún fin de semana como este. Para no caer en la monotonía.
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