MI MADRE SE UNIÓ A LA FIESTA

Juana y Elena habían ido juntas a una reunión que había resultado enormemente aburrida. Pararon en un pub a tomar una copa y comentar los temas que se habían tratado, pero terminaron pronto con aquello y charlaron sobre otros asuntos, quizá banales, aunque más interesantes para ellas que la dichosa reunión.

Era viernes por la noche, no muy tarde. El pub no estaba lleno, bastantes mesas libres, los acostumbrados cazadores nocturnos desperezándose en la barra y ensayando la "mirada del depredador" que según ellos haría temblar a la "presa femenina" que se sintiera observada, y música ambiente de los años sesenta o setenta. Los locales para los más jóvenes ponían algo machacón que no se digería fácilmente. Aquí, sin llegar a los boleros y "...si tú me dices ven...", se escuchaban cosas reconocibles y agradables.

Juana entró en algunos de sus temas recurrentes, su separación, los problemas de la educación de su hijo Nacho, la carrera de supervivencia de fin de mes y, sobre todo, su hambre de sexo. Elena escuchaba con su aire característico de cinismo mezclado con un punto de tedio, porque esos asuntos eran lugar común en muchas mujeres de su círculo. Ella siempre daba soluciones semejantes porque se trataba de una actitud, no de un consejo para una situación concreta.

Separación. Bien se ha terminado todo, no hay que seguir dando vueltas a lo ocurrido sino vivir la vida que tienes por delante y no reengancharte a un rollo que te lleve a lo mismo que ya tenías antes de separarte.

Tu hijo tiene ya veinte años y no es un niño en absoluto. Si además quiere ser tratado como un hombre, adelante. Casi te puede proteger él a ti, no te engañes. Además su actitud ante tu situación personal ha sido y es más positiva que la tuya.

Fin de mes. Poco original: señálame uno solo de los que estamos aquí que no acumule los resguardos del cajero automático y las cartas del banco como el que maneja un víbora venenosa de necesidad.

Hambre de sexo. Ya es hora de que te la quites. Con tanta calentura y deseo acumulado, el día que menos te lo esperes vas a salir ardiendo como un bonzo. Tíos hay a montones. Tarados también, es cierto, pero un buen polvo se puede echar sin necesidad de engancharte al primer bombero voluntario que saque su manguera para hacerte un servicio.

Al llegar a este punto Juana se relamía, sin duda pasando en su sala de proyección privada algunas de las secuencias ms tórridas que había imaginado en sus sesiones de masturbación. Incluso rebullía en el sof del pub como si en vez de estar sentada en un amplio cojín, tuviese entre las piernas una buena polla y toda la noche por delante para disponer de ella.

Recorrió la barra con la mirada sin detenerse en ninguno de los cazadores de fortuna que, sin embargo, se incorporaban para tener una mejor visión de sus largas piernas, enfundadas en seda negra y rematadas con unos atrevidos zapatos de tacón alto.

Juana era una mujer apetecible. Estaba entrando en los cuarenta y lo hacía con poderío. Rasgos marcados, cejas arquedas y labios carnosos. Alta, delgada con unas piernas fantásticas y un culo delicioso aunque, desafortunadamente, su ex-marido nunca le había hecho sentir la medida del magnetismo que podía ejercer. No fue muy solícito, digamos. Y Juana no estaba nada convencida de poder atraer a los hombres. O quizá no del modo que ella quisiera, cubriendo no solamente su necesidad de sexo sino también una vertiente afectiva en la que también se sentía menoscabada.

- Vaya Elena. Creo que llevo aquí horas, viendo las mismas caras de hambre y soledad. No se si serán un reflejo de la mía, pero me parece que prefiero marcharme. ¿Qué opinas de una copa en casa? Puede que tenga alguna película en vídeo que podamos ver sin comernos mucho el coco, o escuchar música un rato. Si quieres puedes quedarte a dormir. ¿Cómo lo ves?.

- De acuerdo. Vámonos antes de que se descuelguen los buitres de sus perchas pensando que estamos tan acabadas que incluso nos apetecería ligar con ellos.

Riendo por lo bajo ante la cara de decepción de algunos mirones, abandonaron su mesa y salieron a la calle. La noche estaba fresca aunque no se necesitaba aún abrigo. Cogieron el coche. El tráfico era escaso incluso para ser un viernes. En cinco minutos llegaron a la casa de Juana.

- Ven, subiremos por el ascensor de servicio. El otro lleva unos días averiado. No se cuando lo arreglarán. - Bueno, así paramos en la cocina para coger hielo y algo para picar. ¿Tienes galletas con chocolate? - Siempre con la manía del chocolate. ¬Ojalá pudiera comer tanto dulce como tú sin arruinarme la figura! - Venga ya, necesitas poner algún kilo más para que no parezcas un saquito de huesos.

- Si, pero el problema está en distribuirlos bien.

El ascensor llegó al piso. A mitad del pasillo estaba la puerta de Juana. Sacó las llaves del bolso y abrió. Del salón llegaba ruido, seguramente sería Nacho viendo la televisión. Juana colgó las llaves detrás de la puerta y dejó el bolso encima de la mesa de la cocina.

- Voy a sacar el hielo. Cógeme el tabaco del cajón del pasillo y ve pensando qué quieres tomar.

Mientras Juana peleaba con los cubitos que no querían dejar su refugio helado, Elena salió al pasillo. Guiada por la luz que salía de la cocina, fue hasta el taquillón y abrió el cajón de la derecha donde Juana guardaba las reservas de tabaco, con el mismo celo que si fuera el oro de Fort Knox, y sacó el último paquete del cartón de Fortuna. Iba a volverse para avisar a Juana de que no quedaba más tabaco que ese, cuando acertó a mirar por la puerta entreabierta del salón.

Efectivamente allí estaba Nacho con algunos amigos viendo la televisión. A juzgar por el tamaño de uno de ellos, que estaba sentado en el brazo de uno de los sillones, debían ser compañeros del gimnasio. En ocasiones habían hecho bromas sobre la envergadura del muchacho, Félix, que parecía enteramente un jugador de fútbol americano, lo que contrastaba con su cara de aspecto dulce y aniñado.

No había ninguna luz encendida, solo la que proporcionaba la pantalla, donde estaban viendo la película porno del Canal Plus. A medida que observaba, sus ojos se fueron acostumbrando a la semioscuridad y se dio cuenta de lo que estaba pasando en el salón.

Debían llevar bastante rato viendo la película. Había varias botellas encima de la mesa y vasos a medio consumir. Formaban un semicírculo alrededor del televisor, dejando sitio entre ellos y la mesa del salón. Algunos chicos habían abierto sus braguetas y sus pollas asomaban erectas mientras cerraban sus manos sobre ellas, o simplemente las agitaban desde su base, como si fueran banderolas, con un ritmo lánguido, sin prisa. Otros, en cambio, llevaban los pantalones bajados hasta los tobillos y se masturbaban más abiertamente.

Félix parecía habérselos quitado por completo y tenía su camisa abierta por entero, mostrando todo su enorme torso con apenas algo de vello, y sus músculos bien desarrollados por el ejercicio en el gimnasio. Elena se sorprendió gratamente al darse cuenta de que el tamaño de su polla estaba en concordancia con el resto del muchacho, como habían aventurado Juana y ella en cotilleos anteriores. Pero quedaba aún otra sorpresa. Entre las rodillas de uno de los chicos se movía una cabeza rubia, y los movimientos de vaivén no dejaban lugar a dudas sobre la actividad que desarrollaba entre las piernas del chico. Se podía ver la cara del muchacho, echado hacia atrás, con los ojos entrecerrados y una mueca de placer por la mamada que estaba recibiendo.

Juana llegó en ese mismo momento.

- Bueno, Elena, aquí esta el hie..., pero ¿qué...?

Elena silenció a su amiga con un dedo en su boca y le hizo señas para que mirase hacia lo que ocurría en el salón. Juana se quedó de piedra. Así que esa era la reunión que había organizado su hijo. Cuando vio a la chica rubia levantarse, completamente desnuda, y arrodillarse a continuación delante de Nacho, casi se le caen los vasos al suelo.

- Así que era un niño aún... - susurró Elena al oído de su amiga. - Te juro que..., bueno, no se que hacer... - Da las buenas noches - dijo Elena con una sonrisa mientras empujaba la puerta y la abría para entrar al salón. - Hola! Hemos llegado...! ¿Podemos unirnos a la fiesta?

Seis cabezas se volvieron al unísono hacia Elena que entraba en la habitación con toda naturalidad. Una séptima, la de la chica rubia que le estaba comiendo la polla a Nacho no asomó. Debió pensar "¡Tierra trágame!".

La cara de Nacho era un poema, pero no menos que la de Félix que se puso en pie y se volvió hacia las recién llegadas con la polla todavía en la mano.

- Qué, ¿viendo una película entretenida, no?... - dijo Elena mientras se acercaba al grupo con la misma naturalidad que si hubiesen estado jugando a las siete y media.

Juana entró detrás pero manteniéndose a la espera de lo que fuese a hacer Elena. No pensaba en echar una bronca a Nacho. Al fin y al cabo compartían la casa y ella le daba libertad en la medida que ella misma quería disfrutarla. Pero le resultaba turbadora la escena que contemplaba. Algunos de los amigos de su hijo habían guardado sus pollas a toda prisa, pero la de Félix estaba apuntando hacia ella, con unos huevos grandes, pesados y todo ese cuerpo enorme detrás. No pudo reprimir el pensamiento de que era una polla digna de jugar con ella y luego reaccionó ante la realidad de que estaba empezando a humedecer las bragas.

- Ho-hola, Elena, hola mamá, no os hemos oído entrar. - Ya, ya, - dijo Elena con una sonrisa cómplice.

La chica intentaba mantenerse escondida detrás de Nacho. Era una chica de unos veinte años, rubia, con unos ojos verdes grandes y expresivos. Estaba completamente desnuda y su cuerpo era de una belleza insolente. No se atrevía a moverse siquiera, probablemente más cortada aún que los chicos.

Elena decidió improvisar sobre la marcha. Se dirigió a la muchacha.

- Chica, vaya suerte. Todos estos mozos solo para ti. Lo estabais pasando en grande. ¡Qué envidia! Juana, ¿qué te parece si nos tomamos la copa con ellos?...

Juana se acercó a la mesa con los vasos en la mano, alternando su mirada entre los ojos de Félix y su polla. Hacía tiempo que no había visto un ejemplar así. Y ¿qué coño se le estaba ocurriendo a Elena?

Antes de que Juana tuviese tiempo de contestar, ésta había tomado la iniciativa. Se encaró con Nacho y, después de mirarle directamente a los ojos, cerró la mano en torno a su polla. Imprimó un suave movimiento de vaivén mientras le daba un beso largo y húmedo. El chico estaba petrificado. Luego, se arrodilló muy despacio y tomó su polla en la boca.

Los chicos se quedaron perplejos. Sus ojos parecían salirse de sus órbitas al contrario que los de Nacho que los tenía fuertemente cerrados. Pareció que le fallaban las piernas y, muy despacio se dejó caer nuevamente en el sillón, mientras Elena hacía ruidos de succión sobre su miembro, que eran mucho más inmediatos que los que provenían de la película.

Le parecía mentira que Elena, la amiga de su madre de muchos años, que había sido protagonista en alguna que otra fantasía de masturbación recordando el cuerpo que lucía en la playa, estuviera ahora comiéndole el nabo como si nada. La mamada de la chica que había sido interrumpida hace unos momentos estaba siendo buena, pero la de Elena era aún mejor. Solo de pensarlo se le estaba disparando el control. Podría correrse en cualquier momento y no sabía si atreverse a hacerlo en su boca.

Elena masajeaba sus huevos lentamente mientras tragaba el nabo del chico. Para sus adentros sonreía con la situación que se había provocado. Quedaba saber si los chicos tomarían alguna iniciativa, y qué haría Juana.

La chica rubia se acercó a ambos y, como si estuviera un poco celosa, reclamó en silencio una parte de la polla que se estaba comiendo Elena y que antes había estado en su boca. Empezó a lamer los cojones del chico. Elena le dejó hacer mientras masajeaba la tranca. Luego dirigió el capullo a los labios de la rubia y contempló como la polla desaparecía casi por entero, enterrada en la garganta adolescente, que se aplicó con intensidad a la faena.

-¡Ah! Susana, ¡que bien me estás chupando! -gimió Nacho.

Elena contemplaba complacida. Acercó una mano al coño de la chica que manaba jugos sin parar: estaba completamente encharcada. Mojó su pulgar en la humedad de ella y, muy despacio comenzó a presionar en el ano mientras introducía el índice y el corazón en el coño, imprimiendo un suave movimiento de vaivén. La chica gimió ante la invasión de su intimidad por los dedos de Elena, y respondió arqueando la espalda para exponerse mejor. Su respiración se hizo ms pesada mientras seguía chupando a Nacho. La polla, que parecía haber aumentado aun ms de tamaño, le estaba penetrando hasta la garganta.

Una auténtica putita de pandilla, haciendo mamadas a sus colegas mientras veían porno. ¡Qué precoces eran ahora! ¡Qué suerte!, pensó Elena.

Mientras seguía internándose en ese coño que parecía de seda sintió la llegada de una polla que quería disputar el sitio pero sin atinar en la penetración. Por qué no colaborar. Se volvió a medias hacia el chico y cogió la tranca.

- Primero un poco de lubricación. ¿Qué te parece?...

Sin esperar respuesta terminó de bajarle los pantalones y tragó entera la polla larga y delgada que había quedado ante sus ojos. El chico, Luis, agarró la cabeza de Elena y dio una fuerte embestida. Elena casi vomitó. Se echó un poco atrás y miró a la cara al muchacho que parecía estar volando. Comprendió su urgencia y, como reconciliación, le dio una chupada de lujo, llenando su polla de saliva.

Antes de que pudiera correrse tiró de él en dirección a Susana y pasó la polla de Luis directamente de su boca al coño de la chica. Luis agarró sus caderas y empezó a bombear como un poseso. Elena se retiró del trío y, mientras se desnudaba, miró a su alrededor buscando a Juana. Según sus cuentas quedaban cuatro chicos, porque Luis y Nacho estaban follando a Susana y ella había visto seis pollas erectas al entrar en el salón.

Efectivamente, allí estaban. La televisión, donde aun estaba la película porno, proyectaba una luz suave que añadía morbo a la escena real. Félix estaba sentado en el borde del sofá. Juana estaba encima, de espaldas a él. Tenía la falda remangada en la cintura y todavía conservaba las medias negras. Tenía las piernas abiertas a tope y se dejaba caer violentamente sobre el pollón del muchacho, empalándose por entero, hasta que solo quedaban fuera los huevos. Juana tenía la boca muy abierta pero solo escapaba algún sonido de ella cuando llegaba a su recorrido final y se empotraba la totalidad de la polla.

Sus tetas estaban fuera de la blusa que Félix había abierto con tanta precipitación que habían saltado varios botones, y pellizcaba los grandes pezones de Juana en movimientos circulares. Como ayudándose con el sube y baja, Juana tenía una polla en cada mano y, mientras ella misma se daba gusto, masturbaba a dos chicos. Un cuarto estaba haciéndose una paja mientras buscaba la oportunidad de unirse al grupo.

Elena se acercó a él, Alberto, y recorrió su pecho con las manos, pellizcándole los pezones, mientras restregaba sus tetas por su espalda. El chico dio un respingo. No esperaba la presencia de Elena tras él. Intentó volverse, pero Elena le pellizcó más fuerte, arrancándole un gemido.

- Déjame hacer, Alberto - le dijo en un tono que prometía una sesión inolvidable. - No lo he hecho nunca... - titubeó él. - Mejor, así tendrás un estreno de lujo.

Elena agarró su tranca mientras recorría la nuca de Alberto con la lengua hasta llegar a una oreja. Chupó el lóbulo muy despacio y sintió como el vello del chico se erizaba y la polla pulsaba como con vida propia.

- ¿Te gusta así, mi vida? - dijo Elena en un susurro.

Alberto no contestó nada inteligible, pero sus manos salieron disparadas hacia atrás y empezó a tocar a Elena por todos los lugares accesibles. Ella le hizo dar vuelta. Siguió dedicándose a su polla y guió una de sus manos hasta su coño. El chico debía estar muy caliente porque le metió tres dedos de una vez. Pero no tuvo dificultad porque el coño de Elena estaba bien húmedo desde hacía rato. Continuaron su exploración mutua durante un tiempo, hasta que ella decidió que era momento de que le comieran el coño.

- Ven, Alberto. ¿Te gusta este conejito? - dijo con un todo casual pero cargado de sensualidad.
- ¿Quieres ponerte de rodillas y comérmelo? Te está esperando. Estoy loca porque me comas el coño...

Alberto no se hizo de rogar. Como hipnotizado se arrodilló y metió la nariz en el coño de Elena. Luego empezó a lamer los labios, la raja, el clítoris, como si tuviera aspas de molino en lugar de una lengua.

Elena levantó una pierna y la pasó por el hombro del chico para abrirse más y facilitar el acceso a lo más profundo de su chocho. Mientras Alberto probaba su primer cunnilingus, Elena miró hacia Susana.

Nacho y Luis estaban dando buena cuenta de ella. La había tumbado en el suelo apartando el sillón. La chica gemía con fuerza mientras recibía una polla en el coño y otra en el culo. Luis seguía en el mismo agujero que antes, pero Nacho se había situado detrás y estaba partiéndole el culo sin piedad, aunque obviamente a ella le gustaba a juzgar como iba al encuentro de su embestida. Mientras miraba vio como Nacho salía durante un instante muy breve para coger mantequilla de la tarrina que había en la mesa para los canapés y se la ponía en la polla, entrando nuevamente en el culo de Susana. Elena tomó nota de la posición de la tarrina. Se volvió a mirar a Juana.

Parecía que ésta se iba a partir con la polla de Félix clavada hasta el fondo. Literalmente estaba llenando todo su interior. Habían cambiado de postura. Ahora estaba sentada de cara a él y sólo movía las caderas adelante y atrás mientras Félix masajeaba sus tetas. Juan Antonio se había retrepado en el sofá y le estaba metiendo la polla en la boca. Alejandro restregaba su polla contra los muslos de ella y hurgaba en su coño, abriéndolo a la penetración de Félix.

Elena le llamó por su nombre y, cuando el chico se volvió, le hizo señas de que se acercara.

- Alejandro, trae la tarrina de la mantequilla.

El chico obedeció sin saber la finalidad de aquello. Pero cuando Elena quitó la tapa y le untó una generosa cantidad en la polla, comprendió de repente.

- Rómpele el culo a Juana. No lo ha hecho nunca por ahí, así que ve despacio, métele un par de dos primero, pero no le hagas caso aunque te diga que pares. Si es preciso Félix puede sujetarla.

La cara de Alejandro se iluminó con una sonrisa malévola. Tomó otro poco de mantequilla y se dirigió hacia Juana. Le abrió los cachetes del culo y se la colocó directamente sobre el ano. A continuación, manteniendo los cachetes separados fue metiendo los dedos, primero uno, muy despacio, apenas entrando un centímetro. Luego dos... Juana debía estar tan ensimismada en el polvo con Félix y la mamada a Juan Antonio que no pareció darse cuenta de nada.

Entonces Alejandro, quizá de forma demasiado impulsiva para ser la primera vez, sacó los dedos y acercó la punta del nabo hasta que tocó el ano de la mujer y empujó. Para cuando Alejandro había traspasado su esfínter y Juana arqueó la espalda ya era tarde. Ella se sacó la polla de Juan Antonio de la boca.

Aaahhh! ¡Qué haces! Bestia, me estás haciendo daño!

Alejandro volvió a sonreír y con una torva expresión en la mirada sujetó los brazos de Juana y empujó un poco más.

Juana volvió a chillar pero esta vez su voz dejó traslucir un acento de placer mezclado con el dolor. La penetración de Alejandro junto a la de Félix amenazaba con reventarla. Apenas si podía manejar la enorme polla que le taladraba el coño y otra le invadía el recto. Era la primera vez que recibía por el culo, como había advertido Elena. Ellas habían hablado a veces sobre ello desde que Elena lo había probado poco tiempo antes, pero nunca se había imaginado que una penetración anal, en este caso una doble penetración, daría tal sensación de plenitud.

Alejandro seguía moviéndose, ahora con más facilidad porque Juana, pese al dolor inicial, había relajado un poco el recto como le había comentado Elena, y comenzó a bombear con la misma intensidad que si estuviera follando un coño, pero sin dejar de sujetarla por los brazos.

Juan Antonio volvió a ocupar su sitio en la boca de Juana y ésta volvió a chupar mientras sentía que un orgasmo enorme empezaba a crecer en su interior, como los truenos que retumban desde lejos en una tormenta de verano a medida que ésta se acerca.

Elena levantó a Alberto y, ya que tenía la mantequilla cerca, se untó ella misma en el culo, se dio vuelta y se agachó sobre la mesa, y pidió al chico que se lo rompiera sin miedo.

Él se quedó de piedra porque no esperaba que en su primera ocasión de follar el primer trofeo fuera un culo, menos aun de toda una mujer como Elena y tampoco una amiga de la madre de su amigo Nacho. Pero no se paró a pensar más. Estaba demasiado caliente como para rechazar el plan. Elena ya estaba dirigiendo su polla hacia el objetivo mientras se separaba los cachetes del culo con la otra mano, y él solo tuvo que dejar caer su peso sobre la espalda de ella.

El ano de Elena estaba muy bien educado. Lo relajó desde el principio y se abrió a la penetración de la polla primeriza. El chico tomó un rápido ritmo entrando y saliendo de su canal trasero que estaba apretado y cálido. Elena ayudaba aflojando el esfínter en la entrada y apretándolo mientras la polla se iba retirando. Alargó sus manos hacia los huevos de Alberto y empezó a masajearlos. Era un truco que daba muy buenos resultados y el chico no fue una excepción porque empezó a gemir y aumentó el ritmo de la enculada.

Elena notó que el chico estaba a punto de correrse y clavó sus uñas en la piel de los cojones. Él chilló, empujó unas pocas veces con enorme fuerza y llenó el recto de Elena con un chorreón de semen que parecía que no iba a terminar nunca. Elena sintió los espasmos en su interior y apretó aún más el esfínter como si quisiera ordeñar la polla de Alberto.

Por fin éste se echó atrás y sacó la polla llena de mantequilla y jugos de su maestra. Del ano de Elena empezó a chorrear semen. Alberto se arrodilló nuevamente y comenzó a lamer el coño y el culo de Elena en rápidas pasadas.

Ella no se lo esperaba y su orgasmo llegó por sorpresa, como un latigazo. Se agarró a la mesa mientras la sensación recorría su cuerpo. Aspiró aire profundamente y, por fin, dejó caer la cabeza sobre el mantel.

- Alberto, mi vida, qué bien lo has hecho. Con un inicio así creo que tendrás mucho éxito con las chicas.

El chico se incorporó y la abrazó desde atrás metiendo la mano bajo sus tetas y acariciando sus pezones con suavidad.

Elena cerró los ojos y escuchó medio adormilada los orgasmos de Juana, Susana y los demás chicos. Félix, despatarrado y sudoroso, enlazaba la cintura de Juana, todavía con la polla de buen tamaño aunque rendida hacia un lado, mientras la leche chorreaba del coño de Juana llenando sus muslos y el sofá. Ella tenía la cara y las tetas llenas de semen de Juan Antonio y limpiaba los restos que habían quedado en su carajo.

Alejandro se había corrido en su culo pero aun conservaba la polla dentro y, con las manos en su cintura, besaba el cuello de Juana como un gatito lamiendo leche.

Susana estaba tirada entre Nacho y Luis como una muñeca rota. Había sido mucha actividad el follar con dos chicos tan fogosos, pero se habían portado maravillosamente, dándole un orgasmo tras otro con la doble penetración, algo que nunca había probado antes pero que pensaba incluir en su vida sexual futura.

La noche del viernes resultó ser muy entretenida para todos y había propiciado el acercamiento entre generaciones, al menos en el capítulo sexual.