HICE CORNUDO A MI MARIDO
HICE CORNUDO A MI MARIDO
"Mi marido siempre está encerrado en si mismo, siempre pensando en sus cosas, no se daría ni cuenta si se la estuviera dando con otro delante de sus narices" Estas frases me las decía Roberta con bastante frecuencia. Yo no me había percatado de ello hasta que otro compañero me lo hizo notar" Tío, menuda invitación te está lanzando la tía esa y tú ni te enteras. ¿Qué me dices insensato?
Venga no te hagas el despistado y dale una satisfacción. A partir de ese momento comencé a mirar a Roberta de otra manera. Realmente era una mujer guapa, muy guapa, con un cuerpo de lujo, con curvas allí donde son necesarias, realmente muy hermosa, ¿Cómo no lo vi hasta ahora?. Ayer le saqué el tema "marido" y me volvió a repetir las mismas frases de siempre, pero esta vez yo seguí ahondando con mis preguntas.
¿Y acaso no te tiene "satisfecha"? ¿A que te refieres? Chica a que va a ser… No me estarás preguntando por mis relaciones íntimas. No esperaba eso de ti, me has decepcionado. Vamos Roberta, era una pregunta inocente, si te ha molestado la retiro. No es que la retires, pero no me gusta hablar de temas íntimos y menos con un hombre. Vale, está bien, retirada la cuestión. No se hable más del asunto. No es eso, no es eso, pero comprenderás…
Vale, te invito a un café y volvemos a ser amigos. De acuerdo. No hablamos más del asunto aquella jornada. A la tarde le recordé la invitación al café, me dijo que no podía y que lo dejáramos para mañana. Hoy es ya el "mañana" de ayer, y a la hora del descanso la he invitado a que salgamos a tomar un café juntos, ha aceptado, faltan cinco minutos par salir.
Por fin son las 11, hora del descanso, sólo media hora. Roberta viene hacía mí. Se ha quitado la bata de trabajo. Nunca la vi tan guapa, lleva una camiseta roja muy ajustada con unos tirantes muy finos y un escote muy bajo. Sus pechos parecen tan sueltos… Se le mueven al caminar. Lleva una falda larga de esas de varias capas, como volantes y unas sandalias doradas de tacón alto.
Se ha soltado el pelo que siempre lleva recogido. ¡Vaya hembra! ¿Dónde había estado hasta ahora? Vamos no a la cafetería que esta junto al trabajo, sino a otra un poco más alejada, nos sentamos en un rinconcito apartados de las miradas indiscretas, pedimos nuestros cafés, los sirven, Roberta me dice:
Contestando a tu pregunta de ayer, no, no me tiene nada satisfecha. ¿Nada, nada? Nada. Me gustaría poder ayudarte en ello. ¿Ah si?, ¿Cómo? Verás Roberta, nunca me había fijado en ti atentamente, pero eres una mujer de banderas y me tienes muy nervioso, no se si voy a pasarme de la raya y meter la pata para siempre o si por el contrario me voy a quedar corto y quedar también mal contigo. No te tomaré en cuenta cualquier cosa que me disguste,… de momento. Pues eso que si tú quieres, puedo darte eso que te falta, vamos que estoy dispuesto, que me encantaría…
Jajajaja ¿De que te ríes? No eres para nada un gigoló. ¿Quieres que te ayude? Se dice, me gustaría acostarme contigo. También se puede decir de una forma más enfática, pero aún es pronto para ello. Cierto Roberta, me encantaría, estoy deseando acostarme contigo. Si quieres esta tarde podemos, Me han comentado de un Motel especial…
¡Ajá, todo preparado hombre astuto y tímido! ¿Y lo demás también lo tienes preparado? Lo demás aún no, pero dime que si y esta tarde tendrás a sorpresa de tu vida, Adelante, sorpréndeme. Se había pasado la media hora del descanso y tuvimos que volver a toda prisa al trabajo.
Localizo por internet la dirección del Motel en cuestión, llamo hago una reserva y fijo los detalles. Me dan un código de reserva que será el que me permita acceder al local.
Por fin, las 6 de la tarde. Mi jefe me invita a tomar unas cañas, pero le digo que hoy no puedo. Salimos del trabajo, he quedado con Roberta en la cafetería de la mañana. Cuando llego ella ya esta allí. Subimos a mi coche y me dirijo al Motel. Hasta que hora tienes libre, le pregunto. Hasta que me canse o te canses. Eso suena a mucho tiempo, tal vez hasta mañana e incluso más.
Eso sólo dependerá de ti. No sabes aun hasta donde yo soy capaz. Llegamos al Motel. En la puerta un teclado donde marco mi código de reserva, la puerta se abre y en la pantalla aparece una indicación: "Habitación 25".
Llegamos rápidamente al número 25. Marco de nuevo el código y se abre la puerta de una plaza de estacionamiento, que se vuelve a cerrar nada más entrar mi coche, quedando así aislados de posibles miradas indiscretas. Desde el estacionamiento se accede a la habitación directamente. Le pido a Roberta que cierre los ojos.
Abro la puerta y le empujo suavemente para que entre, cierro la puerta y le pido que abra los ojos. Roberta lanza un gritito de sorpresa: Música suave, luces atenuadas, temperatura de
Allí extendida sobre la cama un juego de lencería super sexy. Sobre la mesilla de noche una caja de condones, gel lubricante, un vibrador y unas esposas. Todo está dispuesto ¿Y bien? No esperaba ésta puesta en escena, confieso que me has sorprendido. No perdamos más nuestro precioso tiempo. ¡Vaya fiera! Jajajajajajaja.
La llevo de la mano al baño, echo al agua aceites aromáticos y tomándola por la cintura le doy un beso en los labios, ella aún no reacciona, pero no se retira, vuelvo a besarla, esta vez más sensualmente, mojo sus labios con mi lengua y ella abre ligeramente su boca, meto mi lengua adentro y ella ahora ya si reacciona, nos besamos con pasión, pasión contenida y acumulada que brota a borbotones
Le quito la camiseta, le quito el sostén. Sus tetas se derraman en mis manos, son calientes, duras, más hermosas de lo que podría imaginarme. Sus pezones muy oscuros son largos y es un placer chuparlos. Suelto su falda que cae al suelo, solo llueva un pequeño tanga de color rojo. Se separa de mí. Se vuelve de espaldas, se quita su tanga y se mete en el agua espumosa. Me desnudo rápidamente y entro en el agua con ella. Pongo en marcha el sistema de burbujas. Roberta se echa hacía atrás, coloca sus piernas sobre las mías, sus pechos flotan sobre la espuma. Le acaricio los pies, los tobillos, las pantorrillas, las rodillas, los muslos.
Roberta tiene los ojos cerrados y está abandonada a mí. Que delicia acariciar su piel suavizada por las burbujas y los aceites, sus muslos son lisos, suaves. Por fin mi exploración alcanza su sexo, tiene un pelito suave, que aún no he visto, le acaricio sus labios y poco a poco la voy abriendo, meto un dedo un poco más adentro, está muy suave, encuentro su clítoris y comienzo a masajearlo en un movimiento circular, sin tocar su cúspide, su vientre comienza a agitarse, pequeños tics al principio que adquieren intensidad a medida que mis caricias van surtiendo su efecto.
Continúo mi labor hasta que Roberta comienza a gemir y a pedirme que no pare. En ese momento le tengo dos dedos dentro y con el pulgar masajeo su clítoris mientras beso sus rodillas. De pronto grita, se arquea, gime y se relaja de tal manera que me asusta porque creo que se ha desmayado, pero abre un ojo ligeramente y me sonríe.
Se sienta sobre mí, su espalda sobre mi pecho. Mis manos están libres para acariciar su cuerpo, para masajear sus pezones tan sensibles e incluso para acariciar su clítoris y hacerle venir en mas de una ocasión.
Salgo de la bañera, me seco y tomo una toalla que ofrezco a Roberta, ella se levanta, su cuerpo lleno de espuma, parece una diosa saliendo del agua, la arropo con la toalla y le refriego para secarla, lo que me permite recorrer su cuerpo palmo a palmo, aunque sea a través de la gruesa toalla. Ella la recoge y se envuelve, se dirige al dormitorio y me pide que espere un minuto antes de ir yo.
Cuando entro en el dormitorio, ella está acostada y tapada con la sábana, que como un delicado velo dibuja perfectamente sus curvas e incluso permite adivinar la sombra de su entrepierna. Me meto en la cama junto a ella y comienzo a acariciarla, a explorar su cuerpo, a sentir la delicadeza de su piel, la tersura de sus pechos, sus pezones son bien largos y están duros. Exploro su vientre y al fin mi mano encuentra su sexo que acaricio, lenta, suavemente.
Ella me pide que apague la luz, queda sólo una ligera penumbra. Levanto las sábanas y ahora mi boca acompaña a las manos en su tarea exploradora. Cuando chupo aquellos largos pezones, ella gime y se convulsiona de placer. Si a la vez estoy tocando su sexo, es como si estuviera sometida a una continuada descarga de electricidad.
Pasamos horas explorándonos mutuamente, boca, lengua, manos, el cuerpo entero, sirven como pincel para dibujar el cuerpo del otro. Sus jugos y mis jugos se mezclan y su olor nos enerva aún más si cabe, hemos tenido largos orgasmos, intensos orgasmos. En uno de ellos no pude reprimirme y eyaculé sobre su pecho, entre sus tetas. Ella untó sus pechos son mi semen y volvió a convulsionarse de placer. Esta mujer tiene unos orgasmos increíbles, me dice que nunca disfrutó así y que todo lo más un orgasmo. Hoy ya he perdido la cuenta de los que lleva.
Pedimos algo de cenar y por una trampilla en la pared aparece rápidamente nuestro pedido, unos sándwiches, fruta y más champán.
Comemos nuestros sándwiches mientras nos besamos. Bebo un sorbo de champán y ella viene a mi boca a tomarlo. Yo hago lo mismo, nuestras bocas son las copas que el otro usa para tomar su champán. En un momento ella toma una uva, se levanta y se acerca a mi, su vientre a la altura de mi cara. Me ofrece la uva, pero cuando abro mi boca para comerla, ella la retira y la mete en su sexo, diciendo: "tómala de ahí" Iniciamos así un nuevo juego, escondiendo bocados en el cuerpo que el otro ha de encontrar…
Finalmente nos tumbamos en la cama, ponemos una película porno y reímos con las actuaciones de los actores. Me dice: "Juan, aún no me has follado, ¿a que esperas para hacerlo?"
La pongo a cuatro patas y de un golpe le meto mi polla hasta el fondo de su útero, me pongo a meter y sacar a un ritmo que ya no me esperaba capaz de hacerlo, ella gime, grita, muerde las sábanas de placer y consigo provocarle un par de orgasmos más. Mientras, he untado generosamente su ano con gel lubricante y ya dos dedos me los acepta sin problema. Ha llegado el momento. Saco mi polla de su útero y la meto en su ano. Ella se sobresalta, trata de cerrar el esfínter, pero le doy una palmada en las nalgas y le ordeno que se abra. Ha resultado, el camino está libre y puedo follarla a placer mientras ella gime y grita de dolor y gozo. No puedo aguantar más y la inundo de mi leche caliente que se derrama a borbotones por su culo.
Caemos rendidos. Mi polla está enrojecida y su coño y su ano también lo están. Llevamos horas follando sin parar. Nunca había sentido tanto placer durante tanto tiempo.
Nos quedamos dormidos, agotados. A la mañana siguiente me despierto pronto, pero ella ya no está en la cama. La oigo en el baño. Me levanto y me acerco a ella. Está orinando. Le pido que pare y me meto en la bañera. La invito a meterse allí y que orine sobre mí. Ella ríe pero me complace, se abre de piernas sobre mí. Tengo una visión espectacular de su coño, que se abre y de él mana un chorro potente de orina caliente que baña mi cuerpo. Se me empina la polla de inmediato.
Roberta aprovecha la situación y se sienta sobre mi miembro erecto introduciéndoselo hasta las bolas. Me cabalga con movimientos tan rápidos que me hace eyacular antes de lo que me hubiera gustado hacerlo. Ella ríe a carcajada limpia y me pide probar también esa ducha que hace unos momentos ella me ha propiciado.
Cambiamos las posiciones. Ahora yo estoy arriba y ella espera mi chorro. Tardo un poco en iniciar, es lógico, mi próstata funciona, pero cuando inicio, un gran chorro ardiente sale de mi polla que dirijo sobre sus pechos, su vientre y finalmente apunto a su sexo que riego generosamente. Roberta ríe, grita y goza de esa nueva experiencia y se restriega mi orina por todo su hermoso cuerpo. Llegada la mano a su sexo, inicia una masturbación salvaje que en segundos la hace explotar en un gigantesco orgasmo.
Por fin, nos vestimos y abandonamos aquel delicioso lugar. Hay que trabajar y nadie debe sospechar nada. La acerco hasta su coche aparcado cerca de la oficina. La beso por última vez en su ardiente boca y nos prometemos repetir la experiencia tan pronto como sea posible.
