MATANDO EL ABURRIMIENTO CON SEXO

Esto me sucedió hace ocho años en Manizales, un día de viernes, cuando las señoras de la iglesia se iban de retiro espiritual, y Doña Teresa se sentía aburrida de ir con ellas. Era un grupo que tenía entre 55 y 70 años, y teresa 48. Yo trabajaba como fotógrafo free lance de la iglesia y había entablado cierta confianza con el grupo pues también cantaba en el coro de la iglesia. Ese viernes me quedaba solo en casa pues mi mujer viajaba a casa de sus padres en otra provincia.

Estaba de pelea con mi mujer y no quería llegar a casa temprano, sabiendo que ella ya no estaba allí. Le dije a Doña Teresa que compráramos una botella de aguardiente y nos fuéramos a su casa a beber. Yo no tenía mucha confianza con ella, pero sabía por las otras señoras que yo le gustaba.

Ella abrió sus ojos y aceptó de inmediato. Llegamos a su casa y con su habladito piasa me mostró su casa, la habitación de su hijo y me comentó que su esposo vivía en Miami desde hace varios años por lo tanto no residía allí. No sentamos a hablar, pero aseguro que yo no tenía intenciones de hacerle nada, pues estaba como aburrido y me pareció interesante hablar con ella un rato para no llegar temprano a casa. Hablamos de su familia y me dijo que hacía rato no usaba sus labios más que para besar a su hijo y no con otro hombre desde la marcha de su esposo. Yo le dije algo parecido y me pidió que le acordara como era.

Al besarla me di cuenta del polvazo que me podía echar esa noche. Mis manos tocaron sus senos duritos, no muy grandes, Bajé inmediatamente mis manos a su cuquita por encima de la ropa. Me puse a mil y ella se movía como evitándome, como si quisiera mostrar algún pudor, pero estaba más excitada que yo.

Ella de repente se levantó de la silla de la sala y me dijo que no estaba bien y que se sentía incómoda, yo como un ingenuo le creí:

- listo nos vemos le dije. Ella rectificó:. - tranquilo ¿No se va a quedar?

Me di cuenta de su treta de señora recatada, pero estaba muerta porque me la clavara. Preparó carne y comimos, yo fingía tomar el trago y ella si lo pasaba de un sorbo cada uno.

Mientras ponía la olla me le acerqué por detrás y le cogí sus senos medianos y le pasaba la mano por las nalgas y su monte de Venus. Ella intentaba separarme, pero sabía que le gustaba. Depuse de terminar de comer, nos sentamos nuevamente en la sala y ella un poco ebria por los tragos se me acercó y me le abalancé.

Sabía besar muy bien. Sus labios eran carnosos a pesar de la edad, le quité el brassier y le besé sus redondos pezones, ella mandó mano a mi miembro y me lo estrujó con violencia. La llevé a su habitación de la mano y ella me seguía intentando evitar como si la culpa me la pudiera atribuir toda a mí.

La acosté sobre la cama y me la clavé. No le quité sino el pantalón y las medias veladas, ella jadeaba a rabiar y me pidió que me dejara besar por ella, yo acepté, pensando que era un beso normal. Lo que quería decir era que quería mamármela.

Se desplazó rápidamente y me lo mamó como una experta, terminó y la reincorporé. La volví a penetrar y ella jadeó con locura hasta de repente llegó su hijo. Nos vestimos rápidamente y alzamos la voz como si estuviéramos hablando de las fotografías de su cuarto.

Parece que él no se dio cuenta, aunque lo dudo por el olor de la habitación. Fingí terminar mi labor y me fui. Desde entonces tuvimos encuentros dos veces más. Tuvimos que parar pues las señoras de la iglesia empezaron a sospechar.