MI ESPOSA LIBERAL

Una de las cosas que más me sorprenden al leer estos relatos, es que casi siempre somos los maridos, los que empujamos, animamos, convencemos y casi convertimos a nuestras esposas en simples objetos sexuales para nuestra satisfacción, aunque digamos que lo hacemos por ellas. Pero ¿y cuando las verdaderamente liberales y liberadas son nuestras esposas y son ellas quienes nos meten en el mundo del sexo, para ser ellas quienes más se diviertan en todas sus variantes? Eso es lo que nos ha pasado a nosotros.

Me llamo Rafael (Rafa) y mi esposa Ana María (Ana). Vivimos en una gran ciudad, estamos casados desde hace 4 años y cuando nos conocimos hace 7, los dos veníamos de una relación frustrante y los dos sabíamos desde jóvenes, lo que es el sexo y disfrutamos con el. Yo tengo 38 años, tengo un rostro agradable y expresivo, mido 176, peso 74k., y tengo un rabito satisfactorio de 21 cms. Ana no sería nunca Mis España, pero si ha ganado un concurso de Mis camiseta mojada. Mide 177, tiene 33 años, es castaña clara con preciosos ojos verdes, mide 95-66-94 y está buenísima (lo digo yo y todos sus amantes). Y no tenemos hijos. Todo empezó a primeros de marzo del 2007.

Una amiga de mi mujer, la llamaré Clara, era fallera mayor de una falla de Valencia y se conocieron haciendo un máster. La invitó a pasar unos días en Valencia y allí se fue del 16 al 18 de marzo. Yo me quedé por trabajo (su amiga sabía que no podría ir) y a mi mujer la alojaron en una casa cercana a la de Clara, ya que en su casa había mucho follón por las fiestas y así en casa de su tía, estaría bien. Pero su habitación la tenía que compartir (2 camas) con otra amiga que curiosamente, vivía en nuestra ciudad. La noche del 17 al 18 fue muy cansada y divertida para todos y tanto mi mujer como la amiga que compartía su habitación, Julia (2 años más joven) habían bebido en exceso y el chocolate con buñuelos matutino no las despejó.

No tuvieron reparos en desnudarse totalmente las dos y Ana se quedó de una pieza, cuando vio las tetas desnudas de Julia (algo más de 100 cms.) con sus gruesos y oscuros pezones, su coño totalmente rasurado y un grueso piercing en su clítoris. Julia sonrió al ver a mi mujer con esa cara y la invitó a comerle los pezones y el coño. Ella se sonrojó y le dijo que nunca había tenido relaciones lésbicas y Julia le propuso iniciarse allí mismo y ahora. Y mi mujer tuvo una maravillosa experiencia y una nueva amiga que nos cambió la vida.

Al regresar a casa, me contó su relación entre vapores alcohólicos, me dijo que la perdonase y yo me sonreí, porque más de una vez habíamos hablado de un matrimonio amigo nuestra que son los dos bisexuales y habíamos comentado, sin nada añadir más, lo bueno que debe ser la bisexualidad, ya que si pillas un tío te lo haces y si es tía también y así te satisfaces sexualmente sin trabas. Pero Julia la llamó al día siguiente y quedaron para merendar después del trabajo (mi esposa es profesora) y Ana me dijo:

-¡Solo es para merendar y nada más!

Con lo que los dos nos reímos. Cuando llegó por la noche a casa, entró a la cocina (yo estaba terminando de hacer la cena) me besó como una loca (estaba excitadísima) y me fue pajeando por encima de mis pantalones, así que dejé la cocina y nos fuimos a follar al sofá. Ana estaba muy caliente, me la mamó intensamente y la penetré con ganas, mientras ella se corría 3 o 4 veces. Y me comentó que Julia se había ofrecido a hacer con trío con nosotros dos.

Como he dicho, sexualmente hablando, los dos teníamos mucha experiencia y prácticamente ningún tabú, pero solo hacia algo más de dos años que nos habíamos casado y eso me daba algo de miedo, ya que si soltábamos nuestros deseos sexuales, luego sería imposible poder atarlos de nuevo. Con otro buen polvo al acostarnos, me convenció.

Durante el resto de la semana, mi mujer y Julia salieron todas las tardes de compras y meriendas y llegó el sábado tarde. Ana se encerró en el dormitorio más de una hora y cuando salió, no era la Ana que yo conocía. Tacones de aguja de 10 cms., un vestido rojo intenso, corto, ajustado y super-escotado con tirantes, sin sujetador (el vestido le hacía el papel), maquillada como nunca y con unos pantis negros, calados con figuras y al darse la vuelta y subirse la falda, vi que eran de los que están abiertos en el centro dejando libres los agujeros genito_anales. Estaba buenísima y me empalmé nada más verla; ella lo notó y riendo me dijo:

-¡Solo me estoy mostrando ante ti con mi nuevo look. Ten paciencia cariño, que la noche va a ser larga y necesitaras todas tus fuerzas! Vas a tener dos mujeres hambrientas para ti solo!

Cuando llegó Julia a los pocos minutos, salí yo a abrirle la puerta y casi se me salen los ojos ¡estaba extraordinaria! Y si el vestido de Ana era corto y sensual, el de Julia era cortísimo, casi se le salían las tetas y de color negro. Le di dos castos besos en las mejillas, le cogí el abrigo que llevaba en el brazo y la hice pasar al salón, extrañado de que mi mujer no hubiese salido aún. Pero ella estaba de pie allí, sonriendo y mostrándose tal y como estaba de sexi. Las dos se miraron, se rieron y Julia le dijo:

-¡Vaya, que bien te sienta lo que te he elegido, pareces un putón! ¿Qué te parece la nueva imagen de tu mujer Rafa? ¿La apruebas?

Y yo le dije que me gustaba mucho, que estaba muy cambiada, muy sexi y sobre todo, provocativa, sensual y sexual. Julia me dijo:

-No te preocupes Rafa, solo he tenido 4 días para cambiarla. Desde ahora, vamos a tener toda una vida para sacar fuera la puta que lleva dentro, ¿no te parece Ana?

Y ella con la cabeza asintió, lo que a mí me extrañó, porque estaban hablando de ella, de su futuro y con un lenguaje que solo utilizábamos follando y yo al lado y como si no existiese, como si no tuviese derecho a opinar. Pero no me dio tiempo a pensar, ya que Julia le dijo a mi mujer que se acercase a ella, la besase y la masturbase. Ana se acercó lentamente a Julia, yo era un convidado de piedra, las dos se miraban fijamente a los ojos y cuando Ana estuvo junto a Julia, le acarició el rostro con la mano derecha, la cogió por la nuca y acercando su cabeza, la besó intensamente en los labios.

Yo estaba sorprendido, empalmado y con toda la sinceridad del mundo, sin saber qué hacer. No acertaba a entender si aquello era parte de un juego, si aquello cambiaba nuestra vida o si Ana pasaba de mi e iniciaba una vida propia, ajena a mí, pero ese cuadro me alegraba y me gustaba. Era la primera vez que veía a dos mujeres besándose y preparándose para hacer el amor… y una de ellas, era mi esposa.

Pronto vi como su beso era más amplio, las bocas estaban abiertas y suponía que las lenguas se estaban enroscando. Julia sacó fuera las tetas de mi esposa y con sus manos las oprimía con fuerza, Ana levantó solo un poco la falda de Julia (no hacía falta más) y su mano izquierda se metió entre sus piernas y comenzó a masturbarla lentamente. Julia se abrió un poco para que la mano de Ana pudiese trabajar sin problemas y el sonido de sus gemidos empezó a llenar mis oídos. Mi mujer no es exactamente multiorgásmica, pero sí se corre más que otras mujeres.

Yo no pude más, me desabroche la bragueta, la saqué toda tiesa y bien tiesa y comencé a masturbarme. Pero en ese momento Ana tuvo su primer orgasmo, a pesar de que era ella quien masturbaba a Julia, esta le dijo que siguiese y pocos segundos después, también ella explotó con sonoros gemidos. Mi mujer le dijo que se fueran a la cama (la matrimonial), giro su cabeza y me dijo:

-Rafa, ven con nosotras. Esto es un trío y tú formas parte de él.

Cogió de la mano a Julia y mientras iban al dormitorio y yo detrás como un perrito faldero y con la polla bien dura saliendo de la bragueta, como cañón de un barco corsario, la una despasó la cremallera del vestido a la otra y nada más llegar, se lo quitaron y se quedaron desnudas. Julia tumbó a Ana sobre la cama y lentamente le fue quitando los pantis mientras Ana acariciaba sus pechos y pellizcaba sus gruesos pezones y nada más quitárselos, le abrió las piernas y empezó a jugar con su coño y a limpiárselo de sus jugos recién derramados.

Ana le cogió con sus dos manos la cabeza y parecía que la quería ahogar apretándosela contra su coño y entonces me di cuenta, de que lo tenía totalmente rasurado y no simplemente recortado como yo lo conocía de la noche anterior. Otra sorpresa mía. Julia se levantó un poco y fue deslizando su cuerpo sobre el de mi mujer, mientras era ahora su mano derecha la que masturbaba a Ana y al mismo tiempo le iba introduciendo dedos de su mano, jugando con el clítoris y su vagina. Empecé a oír a mi mujer expresar palabras soeces como nunca antes y me dijo que le ofreciese mi polla para mamármela, cosa que acepté de inmediato y luego se la ofreció a Julia. Era la primera vez desde que nos conocimos, que otra mujer me la mamaba y Julia debo reconocer que era una artista. Ana me dijo:

-No te corras en la boca de esa puta, cuando estés preparado, ¡métesela en el culo!

Y unos instantes después se la saqué de la boca y mi mujer me dijo:

-¡Espera que voy a cambiar mi posición!

Y ella y Julia adoptaron un 69 y mi mujer me dijo que ya podía darle por el culo a Julia. Al coger las nalgas de Julia para abrírselas, me di cuenta de que su culo estaba bien dilatado y que a pesar del grosor de mi polla, no tendría demasiados problemas y así fue. La ensarté a la primera y Julia dijo algo así como ¡bestia! Mientras me la follaba, noté como Ana me chupaba los huevos y el coño de Julia mientras esta se comía el de Ana. Julia dijo algo así como:

-¡Me voy a correr cabrones, a ver si lo hacemos juntos!

Y en pocos segundos se vino con un estremecimiento grande, mi mujer no tardó en volver a correrse también y yo cogí a Julia por las caderas para que no se derrumbase y no tardé en correrme y llenar su intestino con mi semen, semen que al sacarla de su culo, mi mujer no tuvo ningún reparo en chupar y limpiar con su lengua, mientras Julia me limpiaba la polla.

Los tres nos tumbamos juntos, pero muy pronto, Ana se dio la vuelta y empezó a acariciar a Julia, a jugar con sus pezones y con el piercing de su clítoris. Volvieron a besarse y a clavarse las piernas contra los coños y a hacer lo posible para clavarse coño con coño. Parecía que Julia se quería follar a Ana con su clítoris y su piercing. Con la calentura y la pasión que ponían, no tardaron en correrse otra vez y quedarse quietas, mientras se daban dulces besos y se decían cosas tiernas. Julia me dijo:

-¿Qué te ha parecido esto Rafa? ¿Verdad que ha sido agradable? Y no te olvides que la noche es larga y nosotras ni quiera hemos cenado. Tu mujer es mucho más puta de lo que parecía y te prometo hacer de ella, la mujer más caliente que nunca has soñado.

Se rieron las dos y Ana se me acercó y me besó intensamente mientras me decía:

-¡Gracias cariño, me has hecho muy feliz y quiero tomar un aperitivo antes de la cena!.

Dicho y hecho, me cogió la polla arrugadita, me hizo una mamada sensacional, me la puso bien dura y al correrme en su boca, se dejó la leche dentro, pero sin tragársela. Se acercó a Julia y esta le adivino su intención, se besaron las dos y las dos se bebieron mi lechita calentita y Julia le dijo:

-¡Tal y como quedamos Ana, lo compartiremos todo desde ahora!

Las besé a las dos y me fui a la cocina a poner la mesa y cenar los tres allí mismo. Los tres estábamos en pelotas y conversamos sobre el sexo y su disfrute y allí empezó la segunda parte de la noche. De repente Julia me dice:

-¿Qué te parece la nueva experiencia de tu esposa?, se que te gusta el sexo y a ella también ¿te gustaría disfrutar de múltiples experiencias inolvidables?

Sin pensar le dije que sí, pero que también Ana tendría algo que decir. Pero fue Julia quien me contestó:

-Rafa, Ana está abierta a todo tipo de experiencias y no se volverá atrás, esta semana lo hemos estado hablando y solo falta que tu digas sí o no. En el caso de que digas sí, nos iremos ahora los tres a una orgia que están celebrando unos amigos míos en un chalet cercano. Tu mujer y tú, tendréis experiencias esta misma noche con otras mujeres y otros hombres. Ana lo quiere y lo desea, pero también quiere que tú le des tu permiso. Porque a partir de esta noche si aceptas, los dos estaréis casados, pero seréis sexualmente libres.

Estaba totalmente sorprendido ya que eso no me lo esperaba y ante mi cara de asombro, Ana me dijo:

-Cariño, desde que vine de Valencia hemos hablado del sexo y de mi experiencia y de cómo nos gusta divertirnos sexualmente. Si te niegas a que vayamos a orgias o intercambios, yo no iré, pero quiero que te quede claro que no deseo dejar nunca mi amistad nueva con Julia, deseo que sigamos gozando con ella. Desde ahora, mis agujeros ya no son solo tuyos, también lo son de Julia y me gustaría que de otras mujeres y hombres, como también tú podrás gozar con otras mujeres y hombres. Solo es sexo Rafa y tú lo sabes bien. Esto es solo una nueva variante y ninguno de nosotros dos llegó virgen al matrimonio, lo comprendes ¿verdad? Yo te quiero, mi marido eres tú y tú decides.

Yo estaba totalmente sorprendido, desorientado y sin saber qué hacer. Las dos mujeres me miraban fijamente, veía sus desnudos cuerpos y me di cuenta de que las deseaba a las dos y que esa conversación me había empalmado de nuevo y tenía la polla a reventar. No solo deseaba a mi esposa, también a Julia y solo hacia muy pocas horas que la conocía, así que le dije a mi mujer:

-Si eso es lo que quieres, vayamos esta noche a esa orgia y veamos qué pasa ¿te parece bien cariño? Mañana y después de lo que pase esta noche, podremos hablar mejor y tomar una decisión más certera.

Mi esposa sonrió y dejó escapar un suspiro de alivio. Realmente, me di cuenta que se escapaban muchas cosas con ese suspiro y que ya no sería la misma desde ahora. Esa noche tuvo relaciones con otros 5 hombres y 2 mujeres y desde entonces hemos practicado tanto el intercambio como las orgias y los límites de Ana parecen no tener fin. Pero también yo disfruto con ello, aunque la independencia sexual de Ana es cada vez mayor y vive su sexualidad libremente, aunque siempre me cuenta lo que hace. Muchos os preguntareis si el matrimonio se resquebraja y debo decir que no. Muchas cosas son las que nos separan, pero muchísimas más son las que nos unen y el cariño mutuo es sincero y real.

RELATO DE REGALO