ESPOSA CON IMAGINACIÓN
ESPOSA CON IMAGINACIÓN
Hay que cosas que deben suceder, lo único que se necesita es que coincidan: el lugar, el motivo y la oportunidad. Toda la vida me ha gustado y me he sentido atraída por Marcos, el mejor amigo de mi esposo.
Lo conozco hace diez años, es padrino de mi matrimonio y de mi hija. Está casado con Mónica y tiene dos hijas, adora a su esposa y es un buen padre. Una tarde estaba sentada en mi cama de casada cuando entra Marco, desnudo su pene erecto, bien formado, creciendo y creciendo…
Mi atracción por el es irracional, salvaje, lo deseo sexualmente con todas mis fuerzas, con todas las fibras de mi ser, ese hombre me gusta y despierta en mi los más básicos instintos sexuales, lo deseo, lo deseo tanto que me masturbo mientras que me tiene entre sus brazos.
Yo estoy de rodillas acariciando, y metiendo su miembro viril y erecto en mi boca, se lo beso, se lo recorro con toda mi lengua, se lo masturbo con suavidad, nuevamente se lo recorro con toda mi lengua y me lo sumerjo en mi boca, mientras se los succiono con pasión y profundo deseo.
Me fascina su pene, es suave, duro, está surcado por fuertes y vibrantes venas, se lo masturbo con una de mis manos mientras que con la otra acaricio sus testículos, y su pene está dentro de mi boca, hasta que de pronto siento como se hincha, como si fuese a reventar, él gime, emite un quejido y su semen se desborda de su pene, como un manantial roto.
Su semen fluye, fluye, sale a chorros, y mi boca hambrienta lo recibe todo, chorro a chorro lo recibo con mi boca abierta, lujuriosa, pletórica de deseo, de ser llenada de los líquidos del hombre que me enloquece, que me somete y que me vuelve sumisa.
Ese semen es prueba de su entrega, de la mujer sumida y dominada por el deseo hacia un hombre prohibido, me entrego a él, no digo nada, soy suya…
El semen sigue saliendo, bañando mi carita de esposa infiel, sale más semen moja mis mejillas, más semen otra vez en mi boca, y entonces me toma con sus mano derecha de mi nuca y con la izquierda sostiene su pene, sin decirme nada y sin que yo proteste, me lo introduce completamente en la boca, TODO, hasta que sus bolas quedan atascadas por mis labios.
Me dan arcadas, pero él sigue presionando fuerte sobre mi nuca y comienzo a sentir nuevamente sus hirvientes chorros de leche, mucha, mucha, siento que me quema, está eyaculando detrás de mi garganta, su semen está entrando directamente a mi faringe.
Veo como se arquea y de pronto se endereza bruscamente, su pene aun está hasta mi faringe, siento ahogarme de tanta leche, respiro de prisa por la nariz, mis manos sobre sus muslos tratando haciendo fuerza para sacarme su estaca de mi boca, hasta que finalmente termina de venirse y suavemente lo saca.
El pene al salir mojado de semen y saliva hace un rudo característico algo “suuuoph” y yo tomo aire con fuerza y suspiro profundamente para recobrar el aliento, él me mira y dice “delicioso, voy a orinar”
Entonces lo tomo de su pene y le digo “hazlo sobre mi”, eso me produjo mucho morbo, era el pináculo de sentirme suya, su hembra, su esclava sumisa…
Al poco rato sentí su tibio orín sobre mis senos, fue subiendo hasta mi garganta, yo me meneaba y me acariciaba mis senos enjuagándolos con su orín, a medida que el orín escurría por ello.
Luego su tibio orín alcanzó mi boca, la abrí y sentí un sabor salado, ocre, que me excitó más, siguió regando mi nariz, mis ojos todo y todo mi rostro fue regado por su líquido tibio.
Y tuve un orgasmo tan intenso que yo también me oriné…
Querida, querida…Oí esa voz, era mi esposo, que me decía “… ¿Dónde andas?, estás soñando despierta, ah, jajajaja, Marco y Mónica ya se van, el vuelo a Madrid está en plataforma…”.
No sería la primera ni la última vez que soñaría despierta con Marcos…Dije, adiós Marco, le di un beso en su mejilla y se fueron.
Mis pantys estaban empapadas, muy mojada mi rajita, mis pezones violentamente erectos, afortunadamente llevaba chaqueta y no se veían.
Le dije a mi esposo “amor voy al baño”, era para lavarme la humedad de mi sexo, pues para quitarme las ganas iba a hacerlo con mi esposo al llegar a casa, y tal vez no le podría explicar porqué estaba tan salvajemente húmeda…
