LA VERDAD UNE
Durante mucho tiempo, mi esposa y yo hemos leído estos relatos, y en ocasiones los hemos usado como fuente de inspiración, mientras que otras veces nos hemos reído de lo inverosímil que algunos parecen.
Es por esto último, que finalmente, y a insistencia de ella, ahora procedo a relatar nuestras experiencias. Me llamo Pablo, mi esposa: Liz. Hemos estado casados por 18 años, yo tengo 51 años, ella 48. Gracias a quizá una combinación de buena vida, buenos genes, y lo mucho que a ambos nos gusta el sexo; nos mantenemos en excelente forma. Liz no aparenta más de 35 años, y a mi frecuentemente me adivinan no más de 40. Ella mide 1.73m, yo 1.86m.
Yo soy mexicano, ella es nacida en EE.UU., México-Norteamericana de tercera generación. Para descripción, simplemente imagínense a Barbara Mori dentro de unos 10 años, pero con ojos color miel y con más busto.
Cuando la conocí, ella estaba trabajando como asistente del presidente de una empresa a la cual yo empecé a asesorar, y estaba casada con un americano y tenia dos hermosos hijos. Todo era correcto en su vida, y muy de acuerdo a la forma en que las cosas “deben” ser. Obvio que me gusto en el momento de conocerla y como me confesó después, ella se mojo al momento de saludarme de mano.
Abreviando el tema, al cabo de tres semanas, estábamos cogiendo en mi hotel en vez de ir a comer como inicialmente se suponía. Esa primera vez, fue como si ella jamás hubiese tenido sexo en su vida, no paro de venirse vez tras vez. Parecía insaciable, pidiéndome más y mas, lo cual, yo estaba muy feliz en complacerla. Poco después, le pidió la separación al esposo, quien simplemente se salio de la casa para darle tiempo de pensar las cosas.
A mi me pareció precipitado, pues no habíamos discutido para nada el futuro. Pero ella solo afirmó que no le importaba, y que no me estaba obligando a nada, solo que no quería guardar apariencias con su esposo. Me extrañó, pero solté el tema. De ahí en adelante cogíamos cada vez que estábamos solos, fuese donde fuese. Mantuve mi hotel solo para cubrir apariencias en su trabajo, y poder coger a medio día.
Como a los tres meses, dimos un paso más. Yo había notado que le gustaba que le besara el culo y le metiera varios dedos al coger. Ella me decía que era una sensación diferente pero muy excitante. Aprovechando que sus hijos estaban con su papá, pues él los recogía cada fin de semana el viernes, y los traía el domingo por la noche. (En verdad era un buen tipo, y muy buen padre); se me ocurrió llegar a la farmacia y comprar gel lubricante y condones.
Al llegar a casa, ella me estaba esperando desnuda, como era costumbre. Mal cerré la puerta cuando ella estaba besándome, y bajándome el pantalón. Me acomodé para aun 69 y mientras me comía su conchita rica, le metí dos dedos en su culito. Ella gemía de gusto y paraba más las nalgas como pidiendo el tercer dedo, a lo cual yo prontamente obedecí. La hinque en el sofá y me la empecé a coger, todavía vestido. Quitándome la ropa, alcancé la bolsa de la farmacia y mientras ella se venia por primera vez, le puse una buena cantidad de lubricante en su ano. Le metí nuevamente tres dedos, mientras con los dientes abrí el condón.
Con la menor perdida de tiempo posible, le saqué la verga y me puse el condón en la cabeza y se la empecé a meter por el culo, dejando que el condón resbalara a medida que yo penetraba su ano. Liz volteó a verme gimiendo pero con una sonrisa de gusto de puta. Así me pidió que me quedara quieto con toda mi verga adentro. Yo sentía como me apretaba y parecía chuparme hacia dentro de su culo, hasta que se llevó la mano a la panocha y se hizo venir en cuestión de segundos. Ahora, con su culo ya dilatado, empecé a cogérmela hasta que me vine, y ella se vino dos veces más en el proceso.
Unas semanas después se me ocurrió una pequeña variante. Ese día paré por el súper y compré unos pepinos más o menos del tamaño de mi verga. Cuando llegué, ella estaba otra vez esperándome desnuda, me sacó la verga empezando a mamármela, llevándome a sentar en el sofá sin soltar su dulce. Disfruté la mamada hasta que me vine en su boca. La cabrona, con la boca llena de mi semen, me besó mientras se montaba y se metía mi verga de un solo empujón. ¡Que puta tan maravillosa!
Ya en la recámara, la dejé por un momento y fui a la cocina. Lavé uno de los pepinos muy bien y regresé a encontrarla con dos dedos en su conchita y masturbándose. Me acosté con ella y le di mi verga a mamar y me bajé a mamarle su conchita. Empecé a alternar entre mamársela, y besarla, así ambos saboreábamos los jugos del otro. En una de esas alternadas, aproveché para meterle el pepino en la panocha y le empecé a lengüetear el culo. Se puso como loca; casi me arranca la verga de la chupada que me dio.
La puse en rodillas y manos, y seguí metiéndole el pepino y lengüeteándole el culo. Le dije que se siguiera metiendo el pepino ella sola; así lo hizo pero con mucho más entusiasmo que lo estaba haciendo yo. El pepino estaba más largo que mi verga, y ella se lo estaba metiendo todo, hasta que desaparecía por completo. Yo mientras tanto me puse un condón, y le puse una gota de lubricante en su ano. Sin darle aviso, coloque mi verga a la entrada de su culo y al mismo tiempo que ella se estaba metiendo el pepino, le deje ir la verga hasta el fondo. Liz se arqueo gimiendo y se dejo caer sobre el colchón echando las nalgas aun más hacia atrás y metiéndose el pepino aun más con ayuda de sus dedos. Así me la cogí, mientras ella se metía el pepino hasta que tuvo un orgasmo que la dejo sin aliento derramada sobre la cama.
Después, descansando, me pregunto que porque se me había ocurrido hacer eso del pepino; le conteste, que simplemente se me había antojado, pues me gusta tanto cogérmela tanto por el culo como por la panocha y a ella también le gusta por ambos lados, ¿así que porque no tener los dos? Le comenté como me gustó el sentir el pepino rozando con mi verga dentro de ella. Ella me dijo que también le gustó sentirse cogida por ambos lados a la vez. Hice hincapié en como se había metido todo el pepino y se lo había empujado aun más con los dedos, y que me pareció una golosa como se había arqueado para recibir mi verga.
Ella se sonrojó y trató de darme una explicación. La callé y le dije estaba jugando, y que para mi que no era ningún problema el que ella quisiera sentir más placer, y que de hecho si algo deseaba, me lo dijera, pues yo sabía que yo no era el primer hombre en su vida. De hecho - le dije - quiero que entiendas que quiero que seas todas las mujeres que eres por dentro; quiero que seas mi noviecita santa, mi amiga, mi cómplice, mi esposa, mi amante, mi confidente y mi puta. Sobre todo, siempre mi puta.
Su expresión cambió, su cara se iluminó con una sonrisa, que inmediatamente desapreció en una expresión de preocupación. Esa noche Liz me confesó que durante todo su matrimonio, se había sentido insatisfecha sexualmente, y que hoy, al yo decirle que dado el momento yo consideraba la posibilidad de que fuese mi esposa, ella, todo este tiempo ella pensaba que yo no consideraría casarme con ella por puta. Me di cuenta de mi indiscreción, yo no había pensado en mis palabras, solo lo dije irreflexivamente.
En ese momento, yo no pensaba en casarme, y a ciencia cierta, yo no creía estar enamorado de ella. Descarté eso, pues en realidad no era importante; yo me la estaba pasando muy bien con ella, y no tenía ningún otro plan. Pensé que lo mejor era dejar que las cosas cayeran por su propio peso, así que la consolé y le hice saber, que precisamente por la sinceridad de su putería, ella era la mujer con quien yo había disfrutado más y me parecía que únicamente con esa sinceridad podría una pareja realmente llegar a ser feliz.
Me dijo que si eso era verdad, entonces ella quería decirme todo sobre su vida, sin dejar fuera detalle alguno. Le dije que para mi nuestro presente y futuro era todo lo que contaba. Ella insistió, diciéndome que no quería ocultar nada conmigo, y que si algo que me dijera me fuese a alejar de ella, pues prefería que eso sucediera ahora, antes de que tuviésemos más invertido en nuestras vidas. Continuó diciéndome que un primo la sorprendió fajando con un novio y este le tenía las tetas de fuera y le había puesto la verga en las manos para que ella se la jalara. El novio se fue, y el primo la obligó a mamarle la verga o les diría a sus padres lo que había visto. Ella se la mamó y aunque le dio mucha vergüenza, le gustó el sentir aquella verga en su boca, pero no demostró su gusto, sino pretendió sentirse forzada.
Esto se repitió en varias ocasiones, y aunque él la tocaba por todos lados, ella siempre le decía que no podían pasar de ahí, pues ella aun era virgen. Así continuó la situación, ella mamando verga, y después masturbándose tan pronto como llegaba a su casa. Hasta que en una ocasión, el primo la convenció de darle el culo. Ella también quería sentir algo, pues él era el único que gozaba, así que se dejó convencer a pesar de mucha resistencia. Esa ocasión se la metió por el culo y él se vino dentro de ella y ella se vino rozándose el clítoris, pero ocultó su placer.
El primo, como todos los adolescentes, tenía que presumirle a alguien y le dijo a su mejor amigo. Este, un día siguió a Liz al cine y cundo ella se separó de las amigas para comprar un refresco, le dijo que la había espiado con su primo y les diría a sus padres si no le daba el culo a él también. Sintiéndose atrapada, lo siguió a unos baños, y ahí lo dejó que se la cogiera también. Solo que esta vez ella disimuló bastante menos, y se vino con más gusto, dejándolo a él atrás, mientras ella salía satisfecha a encontrar a sus amigas.
Así siguió durante el resto de su preparatoria, dejándose coger por cinco muchachos más. Al empezar High-School, su primo murió en un accidente automovilístico. Eso rompió el ciclo, pues al separase de los antiguos amiguitos que hasta entonces se la estaban cogiendo, decidió recatarse y no seguirse arriesgando. Así que después de haber conocido siete vergas, se convirtió en virgen otra vez.
Durante este tiempo de castidad, se hizo muy amiga de otra muchacha, y pasaban mucho tiempo juntas. Esta otra chica, tampoco salía con muchachos. Una noche que esta amiga se quedo a dormir en casa de Liz, se pusieron a jugar, y una cosa condujo a otra, antes de que se dieran cuenta, se estaban besando y tocando y rozándose una panocha contra la otra. Acabaron por hacer un 69 y hacerse venir mutuamente. Esto se repitió varias veces, hasta que, debido a que no salían con muchachos, les empezaron a hacer bulla de lesbianas. Lo cual era cierto, pero no al cien por ciento, pues lo hacían, al menos por parte de Liz, por calenturienta y cachonda. Así, que así terminaron esa relación.
Como al año conoció a su ahora esposo, se enamoró de él pues era bastante mayor, y la trataba mucho mejor que todos los pendejetes compañeros de escuela. Ilusionada, salió embarazada y precipitaron la boda. Con el tiempo la ilusión pasó, realmente no había la magia que ella necesitaba. Como a los dos años, tuvo un desliz con un compañero de trabajo, pero tampoco la satisfizo. Un año más tarde tuvo otro desliz, con el esposo de una amiga, también sin consecuencia. Después, en un trabajo anterior, su jefe, esta relación si fue más satisfactoria. Él se llamaba Brian; durante la entrevista de trabajo le hizo preguntas sobre su vida privada que la sorprendieron, pues ella se encontró hablándole de su vida privada, de si, como y cuando tenía sexo con su esposo, le confesó de sus deslices anteriores, y de cómo no gozaba el sexo con su esposo. En corto, se la cogió en menos de una hora de haberlo conocido. Ella se sentía incapaz de decirle que no a nada que el pedía. Se la cogía mañana tarde y noche.
Después, en varias ocasiones (siete, le hice que me dijera cuantas) la usó como estímulo para cerrar negocios, dándosela a distintos clientes para que se la cogieran. Me dijo que ella sabía que no tenía que hacerlo, y el trabajo no era tan importante, pues su esposo podía mantener la casa sin su ayuda, pero el sentirse usada y prostituida le gustaba, así como le gustó que la forzaran aquellos chicos en su adolescencia. Le hacía sentir que ella no era responsable. De hecho uno de estos clientes se le vino a la mente cuando se estaba metiendo el pepino, pues él tenía una verga enorme. Al tiempo, Brian empezó a tener problemas con su esposa y él le pidió que se fuera, incluso la ayudó con recomendaciones a colocarse en su presente trabajo.
Yo, siendo tan ano-retentivo como soy para los números, me alarmé, pues al parecer todo esto seguía una pauta de unos cuantos años entre cada ocasión, y me preocupó el ser el siguiente en la lista de periodicidad. Me confesó, que a pesar de esos deslices, solo había gozado el sexo con Brian y uno de los clientes, nunca con su esposo, y que sentía que era por fingir ser una mujer decente y recatada, en vez de recibir el sexo abiertamente como le gustaba.
Me dijo que cuando me conoció por primera vez, al saludarnos de mano, inmediatamente le dio una punzada en la panocha y se mojó inmediatamente, al grado que, como ahora recuerdo, se tuvo que excusar para ir al baño a secarse. También me dijo, que esa noche, se hizo venir sola metiéndose dos dedos y sobándose pensando en mi y se la pasó en vela pensando y llegó a la conclusión de que en realidad no quería ya tener pretextos como con Brian y pretender sentirse obligada, sino que deseaba disfrutar sin mentiras ni pretensiones. Que deseaba ser una puta sin hipocresías.
Ella quería que yo se la metiera por el culo, pero no se atrevía a pedírmelo, como nunca se atrevió a pedírselo a su esposo o los amantes que tuvo, pero cuando Brian, y varios de los clientes se la cogieron por el culo sin preguntar, ella lo disfrutó, como disfrutó en su adolescencia. Pero su goce fue disminuido por el pretender que no lo deseaba al principio, y hacer creer que estaba siendo forzada.
Por eso quería que yo supiera todo ahora, para que nunca nadie me viniera con un chisme y echara a perder nuestra relación, y si es que yo quería continuar con ella, que jamás pretendería nada, y me pediría o simplemente haría lo que se le viniese a la mente, como se le ocurrió hoy darme a probar mi propio semen, o lo que fuese. Si así era, ella jamás me ocultaría nada, y si en realidad yo la deseaba como mi puta, que ella también lo quería así, y sería todo lo que puede ser una hembra para un macho.
Me quedé callado pensando, esta hembra hermosa, a quien me he cogido por casi cinco meses, me acaba de confesar que a sus veintinueve años ha tenido 19 vergas en su cuerpo, incluyendo la mía, que ha sido prostituida y usada. Hice memoria de cuantas mujeres me había cogido yo hasta ese día. Con 43 mujeres, realmente opacaba los 19 hombres de Liz, pero en realidad, si le daba valor a lo que me decía de no haberse realizado con los machos anteriores, pues yo tampoco había disfrutado tanto cogiendo con ninguna otra mujer.
Hice un recuento de su relato; concluí que si bien, yo me sentía muy atraído a ella, no sabía decir que estaba enamorado, y en realidad no tenía porque separarme de ella, pues, si no estaba enamorado de ella, que importaba lo que hubiese hecho antes. Y si llegaba a enamorarme de ella, y si era verdad que jamás me mentiría, también, que importaba lo que hubiese hecho. Después de todo lo que no fue en mi año, no fue en mi daño. Y yo no era ningún santo tampoco, y ella no me estaba pidiendo cuentas.
Volteé a ver a Liz, quien recostada esperaba mi respuesta, respirando pausadamente con sus hermosos pechos subiendo y bajando al ritmo de su respiración. Entendí por que no quería seguir mintiendo. Me la imaginé cogiendo en el baño de un cine, que lindo culito debió haber tenido; me la imaginé dejándose coger por siete extraños, metiéndose en un cuarto de hotel toda una tarde y salir de allí para ir a su casa con su esposo y sus hijos y pretender ser una ama de casa normal; tal como lo hizo mientras cogimos al principio.
En ese momento noté como mi verga estaba parada de todos esos pensamientos, me daba un morbo muy sabroso el pensar en mi noviecita como puta de adolescete y después de mujer. Me incorporé, y sin decir palabra, le abrí las piernas con las mías, al tiempo de que la besaba, y le metí la verga para darle una de las cogidas más largas y sabrosas de nuestras vidas. Esa noche cogimos en todas las posiciones imaginables. Usamos el pepino un par de veces más, y la cabrona me lo metió a mi también en el culo mientras me daba una mamada que me hizo venir a chorros a pesar de ya haberme venido ya varias veces antes.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados